Tuesday, April 10, 2012

Andrés, no me des besos (final)


Previously on "Andrés, no me des besos":

"Un día de estos deberías pasar y consentirme un rato" le dijo Catalina a Andrés. Entraron a su apartamento, ella se desvistió y se acostó junto a él, pero al rato lo mandó a su casa frustrado -Maldita sea-. Él se alejó, ella lo buscó a los pocos días y lo invitó de nuevo a su apartamento "ponte cómodo mientras yo me baño" y se bañó frente a él con la puerta abierta. 

Ahí vamos. Ahora... si quieres leer con más detalle, aquí está la primera parte, y aquí la segunda.

Para escuchar mientras lees.




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Cuando él entró al baño dispuesto a todo -o al menos a no quedarse con la duda- ella muy pudorosa, alma de Dios, se tapó con la toalla y le dijo "Andrés ¿qué haces?" -"Eh.. eh… pues… es que dejaste tu puerta abierta y… pues…" -"No Andrés, sal que me tengo que vestir". Lo único que se dijo él fue ¿vio? Por eso no me empeloté, qué pereza esta vieja. 

Vestirse es un decir, porque Catalina salió en una pijamita diminuta, blanca casi transparente, que dejaba muy poco a la imaginación. Andrés estaba por enloquecerse. Hacía sesenta y cinco segundos ella lo echó del baño tras bañarse con la puerta abierta, y ahora salía así… espectacular. Por supuesto volvió a acostarse junto a él, juguetona y risueña. Él… bueno, él no sabía qué hacer. Ella se le insinuaba bastante y él no sabía cómo tomarlo. Después de un rato empezó a acariciarla como la primera vez y ella se dejó. Simple. Pero de nuevo, tras un considerable avance, le dijo "tengo sueño, voy a dormir." Esta vez él sí se disgustó. Se despidió y se fue con la intención de no volverla a llamar. Vieja loca.

Ella lo llamó varias veces y conversaron, pero Andrés le sacó siempre el cuerpo y no salieron más. Si algo te pasa una vez es falta de experiencia, si te pasa dos es tu culpa. Pero si te pasa tres eres un imbécil.

Pasó un buen tiempo hasta que coincidieron en una fiesta donde un amigo en común. La fiesta pasó como toda fiesta pasa: música, trago, baile, risas, fotos, algunos borrachos… que se van o se duermen en donde caen. Pasó como toda fiesta pasa, excepto porque Catalina, por alguna razón que sólo las mujeres podrán entender, empezó a insinuársele de nuevo a Andrés: se sentó junto a él, si él se iba ella lo seguía le hablaba al oído, le bailaba al frente muy explicita. Cuando le dijo "no tengo nada debajo del pantalón", él ya empezó a perder la fortaleza. Pero la terminó de perder cuando ella sacó su celular y le dijo "mira las fotos que me tomé hoy" y le mostró una serie de fotos de espejo, con ella sin una prenda encima. Ahí fue cuando él dejó de pensar nada diferente a qué cuerpazo tiene esta pendeja

Al final, los únicos despiertos y relativamente sobrios eran Andrés y Catalina. Todos se fueron a sus casas o a dormir. Se quedaron ellos dos solos en la sala, y él pensando sólo en una cosa. Por poco se manda a darle un beso, pero recordó los episodios anteriores, así que mejor optó por hacerle propuestas muy directas que ella -muy recatada y pura- rechazó. Tras insistir un rato, él la convenció de ir a una habitación desocupada y culminar lo que quería desde hace mucho.

Se levantó, la tomó de la mano y la llevó. La miró a los ojos y se dijo por fin serás mía, maldita. Le quitó toda la ropa sin reparos. Finalmente no había que darle besitos. Se quitó la suya y se lanzó sobre ella dispuesto a todo. Pasaron 5 segundos de felicidad cuando de repente ella empezó a estremecerse y a quejarse por dolor. Quitó a Andrés bruscamente. Él la miró jadeante entre sorprendido y frustrado. Le preguntó varias veces hasta que ella por fin le dijo que le estaba ardiendo mucho y que no podían seguir. "Andrés: creo que soy alérgica al látex."

No volvieron a hablar.

-FIN. Maldita sea.-

Tuesday, April 3, 2012

Andrés, no me des besos (segunda parte)


Si te perdiste la primera parte o ya no te acuerdas bien, puedes leerla aquí.

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Andrés no lo podía creer. Semejante ejemplar de mujer acostado a su lado semidesnuda. Estaban solos en el apartamento, luz tenue, música romántica, y él ni siquiera tuvo que seducirla. Ella solita se medio empelotó por una medio sugerencia de él. De hecho él esperaba una pijama de pantalón largo y saco de lana. Bogotá es una ciudad fría.

Él se había prometido en un principio que iría muy despacio con ella, porque la quería para algo serio. Luego se desencantó y la iba a dejar en una amistad. Pero… ¿tenerla en cucos y camiseta arrunchada junto a él y no hacer nada? "¿Caballero? Caballero mis polainas" y se decidió a actuar.

La mayoría de hombres habría hecho lo que él hizo: consentirle el pelo para quitárselo de la cara -ella sonríe-, luego consentirle el cuello para sensibilizarla -ella se estremece- y de paso moverle la cara un poco y que quede a merced -ella muestra una cara de satisfacción-.

Acto seguido él sacó un poco el brazo que tenía debajo de ella, para poderse apoyar y acercarse. Decidido, pero no agresivo, se acercó a Catalina y la besó. Cata, inexpresiva y con voz entre-dormida le dijo "Andrés, no me des besos". Así, simple, sencillo, definitivo... fulminante. Parecía tener mucha práctica, como si no fuera la primera vez que le pasaba. Su tono era tan indiferente como un "ve, otro semáforo en rojo. Pamplinas".

Pareciera que ella olvidó que no tenía casi nada puesto. La muy... muy. Pero eso a Andrés no se le iba a olvidar. Paró de besarla y se recostó de nuevo. Dudó un rato si seguir intentando, pero la miraba (le miraba todo eso) y se decía que el tema no podía morir así. Si muero, muero en la batalla, se dijo él. "OK, no la puedo besar, pero nadie ha dicho nada de no tocar" y le metió una mano debajo de la camiseta para acariciarle la espalda. 

Ella ya no era tan indiferente. ¡Se movía! Eso le dio confianza: ya no se sentía acariciando una estatua con calor humano. ¡¡La niña sentía!! Por supuesto Andrés siguió acariciando dándose más y más ánimo, aunque no dejaba de ser extraño que todo esto pasara sin un besito de por medio. Sin dar mucho detalle -esto no es un relato erótico, no se emocionen- él logró quitarle toda la ropa y ella… sencillamente se dejó.

Todo iba a pedir de boca -bueno, a pedir de mano porque pocón de besos- y justo cuando Andrés estaba listo para acostarse encima de ella y transportarse al cielo, Cata se volteó y le dijo "Ay Andrés, no. Me duele la cabeza, quiero dormir".

Si Andrés hubiese gritado como quería en ese momento, habrían salido espantadas hasta las palomas de la Plaza de Bolivar de Tunja. ¿¿PERO CÓMO ES ESTO?? ESTA VIEJA LOCA SE ME EMPELOTA EN LA CARA, SE ME ACUESTA AL LADO, SE DEJA QUITAR LA ROPA… ¿¿Y NO QUIERE NADA?? Viejas locas en esta vida, ¡&%·="=!!

Echándose baldados de agua fría mental se dijo: bueno… la verdad es que no tenía intenciones que pasara nada. Todo es ganancia, se vistió y se fue. Palmaditas pendejas en la espalda, pero no había más por ahora. Por más que quiso convencerse de que se alejaría de ella, no pudo dejar de pensarla. Seamos sinceros: ¿cómo iba a dejar de pensar en esas escenas?

Pasados unos días ella lo llamó y salieron de nuevo. Salieron varias veces pero Andrés se mantuvo en su posición de no entrar al apartamento de ella. Eso de que lo dejen a uno desvestido y alborotado es una vaina muy jodida. Eso no se hace. Una noche fría ella lo invitó a pasar y él finalmente aceptó. Ya estaba muy convencido de que no quería que pasara nada y así se sentía preparado para la frustración.

Era casi media noche de un día laboral, hacía frío, mucho frío -normal en Bogotá. Aparte Andrés tenía gripa -normal en Bogotá- así que tenía pocos ánimos. Cuando entraron al apartamento pasaron derecho a la habitación de Catalina, y ella le dijo "acomódate tranquilo. Yo me voy a bañar" y se empezó a desvestir tranquilamente. 

Andrés ya sabía que eso podía significar mucho y también podía significar nada. Con las mujeres nunca se sabe -y más con Catalina. Recordaba mucho esas sabias palabras que le dijo su abuelo en el lecho de muerte: "Andresito, mijito, cuando no sepas que hacer, no hagas nada.", pero ella dejó la puerta entreabierta y él podía verla por momentos. Maldita sea, qué vieja tan tentadora. Durante dos eternos minutos él pensó de todo: Si una mujer está sola en su apartamento e invita a un hombre que le tiene ganas manifiestas… debe ser por algo, ¿no?. Pero… igual la vez pasada estábamos a estico no más y ella se durmió. No, pero pues… ese día tenía dolor de cabeza, hoy está perfectamente. Pero… no, pero es que igual no le gustan los besos… ¿qué le hago? ¿le muerdo una teta como si nada? No, no, no puedo ser tan lanzado. Pero… juemadre es que está muy buena. Pero ¿y si entro y me saca a patadas? Es mujer, está loca. Todo puede pasar.

Bueno, tengo dos opciones: o no hago nada y espero que salga, o me empeloto y me le meto al baño. Como no supo qué hacer, esperó a que saliera de la ducha y se le metió al baño, sin desvestirse. 


Wednesday, March 28, 2012

Andrés, no me des besos


Andrés fue a esa reunión de cumpleaños sin mucho entusiasmo. Seguramente sería como todas las demás reuniones, pero con gorrito y pitos. Llegó sin mucho entusiasmo y saludó a todos los conocidos. Sólo había una persona que no conocía así que se presentó. Ella tenía una cara muy bonita, como hacía rato no se cruzaba en la vida de Andrés.

Catalina hablaba diferente y alegre, tenía una conversación interesante; el checklist de Andrés estaba bien avanzado… hasta que ella se levantó al baño. "Dios mío, qué culazo" se dijeron todos los hombres con la mirada. Hasta los de la mesa de al lado dejaron de hablar para verla caminar. Eso le daba como cuatro check más en la lista. Carajo, tengo que conocerla mejor.

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Pasados unos días Andrés se animó a llamarla. Por supuesto no podía llamarla al día siguiente "ni de riesgo voy a ser un intenso", pero tampoco que pase mucho tiempo como para que Catalina se olvide de quién es él. Un par de días y llamadas después, salieron. Fueron a cine, se divirtieron y disfrutaron mucho su compañía. Cata es muy cinéfila así que sus planes más frecuentes eran ir y hablar de cine. Carajo de nuevo, aparte de todo Cata es muy inteligente.

Andrés decidió que quería algo serio con ella. No quería que fuese una más, alguien pasajero, así que se tomaría las cosas con calma. Iría muy despacio, que no crea que soy un perro. Sus citas con Cata por lo general terminaban con él llevándola a su apartamento, dejándola en la entrada del edificio y él sintiéndose bien porque no intentó nada más… hasta que una noche al despedirse ella le dijo "un día de estos deberías pasar y consentirme un rato". Re-carajo, ¡me encanta esta vieja!

Si esta historia fuera todo felicidad y risas no sería interesante. No podemos hacer una del tipo "Se conocieron, se quisieron, se amaron y fueron felices". Eso no pasa en la vida real. Y menos con Andrés. Toda rosa tiene su espina, todo cielo tiene su nube, todo jugo tiene su pepa (para no ser tan poéticos). Toda mujer tiene su pero, y el de Catalina nunca le había tocado a Andrés: No le gustaban los besos. 

Sí, cuando ella le contó eso a Andrés él se dijo lo mismo: ¿GUATTTTTT?. Y reaccionó igual: "Jejeje, no, en seeeerio. ¿No te gustan?". Cuando Andrés me contó, no le creí. ¿A quién no le gustan los besos? Probablemente la mordieron en su primera experiencia "osculística". De pronto el primer beso se lo dio alguien que venía de comer perro caliente con cebolla extra. Quizás el primer beso se lo dio a la almohada y lo sintió muy trapudo. Claro, en mi espíritu periodístico le dije todo eso a Andrés. "No marica, yo le pregunté de todo y ella me dijo que nada de eso, que simplemente no le gustan, que no sabía por qué, pero que no le producían nada, que sentía más emoción viendo "El boletín del consumidor".

Por supuesto eso le quitó muchos puntos a Catalina en el checklist mental de Andrés. Al lado de muchas cosas positivas había un graaaaan "NO LE GUSTAN LOS BESOS". A partir de ese día él dejó de llamarla con la misma frecuencia. Eso para él era importantísimo.

En alguna salida a cine, la llevó a su casa en el carro, como siempre. La diferencia la hizo un dolor de cabeza monumental que Catalina traía desde la mañana. Claro, a media noche ella ya estaba de muerte. Cata se recostó en el hombro de Andrés para que él la consintiera un rato. Ahí él recordó la noche en que ella le insinuó que entraran al apartamento y se lo dijo: "Cata, si tú quieres entramos a tu apartamento, te consiento un rato el dolor de cabeza y me voy. ¿Qué dices?".

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"Aaaaaay marica, hasta que se animó, ¿no?" fue lo que le dije a Andrés. Me dijo "le juro por lo que quiera que no entré con la más mínima intención de hacer nada. Ella tenía un dolor de cabeza tenaz y se le notaba. Además esa es la razón No 1 en el mundo para no tener sexo." -"Claro, pero con el marido, además esos son cuentos chinos." -"Bueno, listo, eso es cierto, pero en serio yo no entré a eso. La vieja partiéndose del dolor de cabeza…" -"y partiéndose de buena" lo interrumpí yo. -"Sí, buena y todo pero jodida. Además ya no me interesaba. ¿No ve que no le gustan los besos?" -"¿Y eso cuándo le ha importado?" -"Marica, digamos que usted sólo la quiere por sexo… ¿cómo la seduce sin darle un besito? Todo comienza con un beso, así sea chiquito. Tirar sin besar es raro, es como impersonal, ¿no cree?" -"Bueno sí, tiene razón."

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Pues ella le dijo que sí. Parquearon y subieron a su apartamento. Ella apagó la mayoría de luces -por aquello del dolor de cabeza-, puso música suave -por aquello del dolor de cabeza- y lo llevó a su cama para que la consintiera -por aquello del dolor de cabeza.

Pasado un rato ella ya se estaba durmiendo así que Andrés le dijo inocentemente "Cata, deberías ponerte pijama o si no cuando te la pongas te despiertas y te da la misma. La idea es dejarte dormida e irme". Ella se dio la vuelta, lo miró inexpresiva, se levantó, rodeó la cama y caminó despacio hacia el armario. Dándole la espalda a Andrés se desabrochó el jean y se lo quitó sin reparos. Andrés quedó absolutamente embobado y sorprendido. Efectivamente Cata tenía una de las colas más espectaculares que él haya visto. Creo que dejó de respirar para no hacer ningún ruido y desconcentrar a la pobre muchacha. Para no alterarle su hábitat. Como cualquiera de nosotros -espíritus científicos- habría hecho. No siendo suficiente, Cata se quitó blusa y brasier, mostrando una espalda bien bronceada, una piel lisa, un cuerpo espectacular color canela. Sacó del armario una camiseta blanca, se dio vuelta para ver a Andrés y se la puso mirándolo. Inexpresiva.

Caminando despacio fue hacia la cama y se acostó junto a él.


Sunday, February 5, 2012

Le pasó a una amiga.


También hay historias de mujeres. Aunque nuestro protagonista es Andrés y sus mujeres, esta historia es digna de ser contada así que haremos una excepción.
- La redacción.

Andrea sabía que tendría algo con él desde que lo vio. El tipo tenía su "algo" y ella no quería dejarlo escapar. Sabía que también es muy atractiva y se decidió a usar todas sus armas. Cuando vio que él se sentó en su escritorio, ella tomó unos papeles para pasar hacia la fotocopiadora "casualmente". Papeles en mano y escote en tetas- se fue decidida.

Al pasar frente a su escritorio lo miró directamente a los ojos y sonrió coqueta. Claro, Juan Carlos no pudo evitar sonreír sorprendido. Más tarde ese mismo día fue él quien pasó frente a Andrea como yendo al baño. Cuando volvió se detuvo en el escritorio de ella y la saludó: "Hola, perdóname, no conozco mucha gente aquí y pues… no sé dónde almorzar. ¿Qué conoces por acá?". Fue así como terminaron almorzando juntos y empezaron a coquetear con más decisión. 

El tiempo pasó normalmente -en realidad el tiempo siempre pasa normalmente, ¿cómo pasa el tiempo anormal?- y ellos siguieron charlando, sonriendo, riendo y coqueteando cada vez con más frecuencia. Con los días ya la cosa pasó de ser charla de escritorio a ser charla por messenger, luego fue charla por Blackberry y, si seguían así, seguramente terminaría siendo charla de alcoba. Cuando Andrea supo que él es casado ya estaba muy encarretada. Juan Carlos no usaba su argolla desde que la perdió. O al menos eso aseguró él.

Aunque Andrea quiso frenar las cosas un poco, una noche terminaron saliendo a tomarse un cafecito inocente. Por supuesto la charla fue "interesante" para ambos, y el tono cada vez subía más, hasta que ella prefirió cortar antes de que la cosa se complicara. Pero la cosa no era tan fácil porque Juan Carlos no vivía muy cerca de allí y le pidió a Andrea que lo dejara pedir un taxi desde su casa. Y bueno, no supo cómo decirle que no. Efectivamente llegaron a su casa y mientras ella dejaba sus cosas y le servía algo de tomar -que no se dijera que es mala anfitriona- él llamaba el taxi. La cosa se complicó.

Andrea llegó a la sala con el vaso de gaseosa, Juan Carlos la tomó -a la gaseosa- y la puso contra la pared -a Andrea. Y lo que empezó en una pared de la sala, pasó por sofás, comedor, corredor y terminó en la cama, como cualquier pareja sexual decente. No vamos a detallar todo el ajetreo, esto no es un relato erótico. Pero lo que sí diremos es que Juan Carlos siempre hizo un esfuerzo sobrehumano por no "terminar" y eso le llamó la atención a Andrea, aunque no se explicaba por qué. Quizás el personaje creía fielmente en que el placer es darlo, o quizás era uno de esos hombres frígidos que narran en las historias de ficción, o de terror. Como sea ella estaba feliz y se dedicó a sentir a sus anchas. Y a sus largas. Y profundas. En fin.

Cuando finalmente él ya no pudo más, Andrea estaba sentada sobre él. Juan Carlos empezó a tensionarse, a apretarle los muslos a Andrea, a ponerse rojo, hasta que… inexplicablemente empezó a convulsionar. Sí, así como lo leen.

La tomó de las caderas y la mando a volar. Al principio Andrea lo tomó como un juego. Los primeros 2 segundos. Cuando ella vio que no era broma empezó a preocuparse. "Carajo, ¿qué le dio a este tipo?" fue lo primero que pensó. A los pocos segundos la cosa ya iba por "oiga, nada que le pasa", "mierda, maté a este man". Después de un par de minutos ella ya se hallaba dándole explicaciones al CTI y dejando una viuda en el mundo. Fueron los tres minutos más largos de su vida.

Al final Juan Carlos reaccionó, empezó a respirar más despacio, a recuperar su color natural, e incluso a sonreír. Cuando ella le preguntó qué pasó, él sólo dijo "siempre me pasa". Por Diosssss, ¿Y NO PODÍAS HABERME AVISADO ANTESSS?, pensó ella. Se vistieron en medio de una de las situaciones más incómodas que ella recuerde. Él trataba de hacer bromas y ella… pues se reía como para no hacerle el feo. Hasta que él dijo "¿Y entonces? ¿Cuándo repetimos?".  Ahí fue cuando ella dejó de reírse y lo sacó de su casa. No hay derecho.

Monday, October 17, 2011

FM y AM

Esta historia también le pasó a un amigo...

Era una mañana normal para Andrés, excepto porque una capacitación en otra oficina cambiaría el rumbo de su día y el de una etapa de su vida.

Se presentó temprano, como solía hacerlo todos los días para su trabajo. Incluso un poco más de lo normal por aquello de no dejarse coger de la tarde ya que iba hacia un lugar diferente. Una vez allí saludó a algunos colegas a quienes no veía hacía tiempo. Uno de ellos le hizo una seña para que volteara a mirar unos metros hacia la pequeña cafetería de la oficina. Estaba allí sentada: una hermosa sonrisa resaltaba su delicado rostro y sus gafas pretendían un aire intelectual que la hacía parecer aún más fascinante.
- ¿Quién es ella? - Preguntó Andrés.
- No lo sé, pero está divina, ¿cierto? - Respondió su colega.

Acto seguido, Andrés fue a sacar un vaso de agua para verla más cerca, con tan mala fortuna que el dispensador del agua era desconocido para él y regó un poco. Ella se rió mientras Andrés, abochornado, esbozó una sonrisa y salió de allí inmediatamente.

Minutos después, luego de terminar de saludar, nuestro protagonista entró a la sala donde recibiría su entrenamiento y allá estaba nuevamente ella, sentada. Al verla sonrió y sus miradas se encontraron, como si se conocieran de siempre, como si nunca más se fueran a separar.

Andrés una vez más se dejó llevar pos sus sentimientos y pocas semanas después iniciaba su idilio y una nueva relación con Camila.

Su nueva novia parecía la mujer 10: personalidad arrolladora, tierna, inteligente, echada para adelante y sumamente bonita.

Al principio la relación marchó sobre ruedas y todo era color de rosas... Un noviazgo bastante serio donde por una situación en particular, Andrés inició un proceso de sugerirle mejorar algunos hábitos en su conducta, ya que Camila tenía un aspecto primordial de su vida que tenía totalmente descuidado. Ella quién es un espíritu libre, se molestó por los repetidos comentarios de Andrés, que al ver que esa situación no cambiaba, empezó a desencantarse de Camila.

Unos meses después, la relación fue inviable. Andrés decidió terminar con Camila, aunque la amaba profundamente. Sentía que ella debía aprender a manejar mejor las cosas de su vida sola. Sin embargo, el cariño de ella llevó a que en repetidas ocasiones volvieran a estar juntos, intentando rescatar ese amor mutuo que se tenían. Sin embargo, las cosas nunca volvieron a ser como antes y lentamente el amor que se tenían iba extinguiéndose.

Andrés, en un último intento y convencido que ella es la mujer que quiere en su vida, decide buscarla y dar lo mejor de él para que la relación funcionara, con tan mala suerte que ella ya quería otras cosas para su vida y conocer otras personas.

Simplemente, estaban en frecuencias diferentes: él en FM y ella en AM...

Friday, February 25, 2011

Me están pensando por K y por K


-Todo hermano se interesa por una hermana, sobretodo si es hermana de otro-

No eran gemelas, pero parecían. Andrés conoció primero a la mayorcita, Katherine, gracias a un amigo de la universidad. No hablaron mucho más hasta que se la encontró de nuevo en una fiesta. Dudó si ir a saludarla, la veía diferente, cambiada. Pensó en decirle algo como "¿qué te hiciste en el pelo? Lo tienes lindo, chévere", pero prefirió quedarse un rato más con su grupo de amigos.

Unos minutos después sintió una mano en su espalda. Cuando se dio vuelta vio a Katherine, igualita, tal como la recordaba de la primera vez. "Hooola Kathe, ¿qué sorpresa, cómo estás? Podría jurar que viniste con otro peinado" -"No, seguro me confundiste con Karina". Tras la cara de perdido de Andrés ella prosiguió "Mi hermana. Ven, te la presento". Lo llevó de la mano cruzando la sala "Kari, mira, te presento a Andrés". Ya no las vio tan igualitas, pero tenían su aire.

Andrés se volvió muy amigo de ambas. Hablaban cada cierto tiempo. Hacía mucho no era amigo de dos hermanas, desde la infancia en el barrio. Todo siguió el curso normal de una nueva amistad, llamadas van, llamadas vienen… ambas le coquetearon y él, soltero en aquel entonces, les correspondía. Para él no pasaba de ser un juego tonto. Nunca pensó engañar a la una con la otra. Además no podría escoger. Hasta el cumpleaños de Daniel (por supuesto Andrés sabía que Kathe y Kari estarían allá). Él no las vio hasta entrada la noche y entrados los tragos. Él estaba hablando con una amiga cuando sintió el mismo toque en su espalda. Giró y vio, no a una, sino a las dos hermanitas. Lindas ambas. "Hola Andresito, ¿qué haces?" -"¡Hooola niñas! Aquí hablando con mi amiga, ¿cómo están? Denme un rato, hablamos ahora, ya les caigo".

Efectivamente, al rato fue donde estaban las hermanas. -"¿Quién era ella, Andresito?", dijo una. "Una vieja amiga, es una bacana", -"¿y por qué te tocaba el brazo?", dijo la otra. "Este… ¿no sé? Ni me había percatado", "Andresito, no me parece, tú sabes que tú eres de nosotras, JAJAJAJA" rieron ambas en coro. Él sólo optó por reír con ellas "jaja, tan lindas las hermanitas".

Más tarde, bailando con Katherine, ella le dice "Andrés, es en serio, tú eres de nosotras. Es más, tú podrías estar con Kari y yo no me pondría celosa". Andrés tragó saliva. No lo podía creer. Por primera vez en su vida una mujer le hacía propuestas y a su vez le daba libertad de estar con otra. Como en un sueño. Al rato alguien vino a bailar con Katherine, así que Andrés fue a hablar con Karina que estaba en un rincón del bar. "Hola Andresito, ¿y entonces? ¿Con quién te vas a quedar?" -"¿Ah?", balbuceó Andrés con cara de idiota. "Sí. ¿Te quedas con Kathe o conmigo? A mí no me darían celos si te viera con ella. Nos gustas a ambas, y no tengo problema con compartir". In-cre-i-ble. Si antes era un sueño… ¡ahora eran dos! De muerte lenta.

Así las cosas, Andrés tomó el mejor camino: los dos caminos. Se tomó el resto de cerveza que tenía y le dio un beso apasionado a Karina. No había nada más qué hacer. O bueno, quizás sí pero no en un bar. Hablaron un rato más hasta que volvió Katherine riéndose y diciendo "Camine pues Andrés que ahora le toca conmigo" y se lo llevó a bailar. Él no supo si ella se refería al beso o a hablar, o a bailar o algo más, pero entre vuelta y vuelta -era un merengue- ella le dio un gran beso y le susurró al oído: "no importa, no tienes que escoger, yo comparto. Si compartimos la ropa, ¿por qué no a ti que eres más divertido?". Sobra decir que esa fiesta fue inolvidable para Andrés. Por primera vez besaba a dos mujeres en una fiesta. Es más, por primera vez besaba a dos hermanas. Prácticamente al tiempo. Aunque no pasó nada más, él llegó a su casa con una sonrisa digna del Guasón.

Los tres siguieron hablando como si nada, con total confianza. Para él era extrañísimo ser "compartido" por ambas y que ninguna le viera problema. Él feliz. Luego de un tiempo Karina le dijo "tenemos que hablar". Ouch, me van a terminar, se dijo él, y se pusieron cita en un café. "Hola Kari, ¿qué pasó? me dejaste preocupado" -"Andresito, Kathe y yo estuvimos hablando y hemos decidido que no podemos seguir así". Sagrado Rostro, hasta aquí me trajo el río. "Kathe está empezando a sentir cosas por ti y ya no le parece divertido que tú y yo salgamos. Como yo no he empezado a sentir nada por ti, prefiero que dejemos así. Sal con ella nada más". Es la primera vez que me medio terminan, pensó él, pero estuvo de acuerdo. "Está bien. Es mejor no jugar con fuego", aunque hacía rato se habían quemado.

Él siguió saliendo con Katherine por un tiempo. El problema es que para él eso empezó como un juego, naturalmente, y no tenía mayores sentimientos por ninguna de las dos. Katherine estaba empezando a involucrarse sentimentalmente más de la cuenta. La cosa no iba muy bien. Él no se sentía comprometido con ella. Incluso pensaba más en Karina ahora que no la tenía. La bendita ley de la vida de desear más lo que no se tiene. Igual, todo terminó cuando sus doblemente suegros decidieron radicarse en otro país.

Andrés nunca me quiso decir a dónde se fueron. Pero cuando se emborracha dice llorando "epa chamo, me quedé sin la hallaca y sin el cocosette".

Tuesday, February 22, 2011

El primer baile

Por @OmarGamboa

Para bailar con Andrés o Carito:


-La primera vez duele-

Era su primera mintieca. Qué emocionante. Las minitecas son los primeros pinitos de todo cachorro humano en la jungla social y Andrés no fue la excepción. Es su primer enfrentamiento con aquella manada de seres exóticos, esos especímenes despiadados que lo harán padecer gran parte de su vida, devanarse los sesos tratando de descifrar ese comportamiento que va más allá de su primitivo pensar.

Como todo adolescente que se respete, Andrés no fue emparejado sino con su grupo de amigos, todos igual de inexperimentados a él. Iban a encontrarse además con el grupo de amigas que conoció dos meses atrás, por supuesto gracias a las habilidades de sus amigos. Él no era tan hábil para conocer en aquel entonces. Pasó varios días pensando nervioso en el tema. Prom de colegio religioso femenino: Dios mío… ¡¡era como estar de safari en Zimbabwe!! El ritual lo hizo completo, tal como lo vio siempre en comerciales: música a todo volumen, afeitarse -algo innecesario a esa edad-, la mejor camisa, el correspondiente chorrito de colonia boy-boy en sus manos para aplicársela en las mejillas. Por favoooorrrr, ¿cuál Brad Pitt?? ¡Ni George Clooney tiene tanto estilo! Dos horas antes de comenzar la fiesta, que de por sí ya era bastante temprano, se encuentra todo el grupo de amigos. "¡Demonios! ¡Todos vieron los mismos comerciales que yo!", pensó Andrés cuando notó que todos olían a lo mismo. 

Aunque todos tenían la misma risa nerviosa, ninguno pensó que se notara. La ansiedad y los primeros esbozos de feromonas asomaban, hasta que por fin apareció el papá de Santi, el mejor amigo de Andrés. La pandilla completa se sube al carro y pasan eternos 20 minutos en su viaje final. ¡¡¡Zimbabwe: Aquí vamos!!! Era como ir en un B52 esperando que se iluminara la luz roja y todos saltaran en sus paracaídas tras el GO-GO-GO del comandante.

Llegó ese momento que parecía tan lejano: 3 de la tarde de sábado, Andrés se baja del carro y mira con desdén la fachada del colegio, como vio que hacen los protagonistas de las películas de acción. Cuando se cerciora que el grupo está completo, empieza a caminar con paso firme -al menos eso creía él- buscando su destino. Algo aturdido por no conocer el terreno, ingresa al majestuoso salón oscuro. Las ventanas estaban cubiertas con bolsas de basura, negras. Sólo se podían ver unas luces fastidiosas de todos colores que le pegan directo en la cara, y unas cuantas siluetas de lo que parecen ser personas. ¡Dios mío! ¡Niñas! Hasta aquí llegó la valentía.

Sintió que todos lo miraban, repasó rápidamente: ¿camisa planchada? bien; ¿pantalón? puesto (¿o es que ustedes nunca soñaron que estaban en medio de un montón de gente y de repente se dan cuenta que no tienen pantalón?); zapatos? claaaaro, los de moda; parece que todo está bien. DIOS: ¿es el jean nuevo? ¿o el que se rompió en el último partido de fútbol improvisado contra los de la cuadra de al lado? Alivio, no hay huecos. ¿Colonia? Obvio, boy-boy, "para los niños de hoy". Esas miradas no podían ser sino de admiración, se dijo Andrés para envalentonarse.

Sus amiguitos ya iban más adelante, Santi encabezando. Carajo, Santi siempre ha sido el más popular entre las niñas, ¿¿por qué siempre se me adelanta??. Con paso veloz Andrés los alcanza, gracias a que se detuvieron revisando el terreno, buscando el mejor lugar para iniciar su cacería: Tierras altas, siempre ha sido la mejor opción. Desde ahí Andrés miró a lado y lado, buscando a Carito y sus amigas. Ella siempre fue la que más le llamó la atención, sobretodo desde aquella vez que jugaron 7-pum y ella ganó. Además de bonita era muy inteligente. Él supo que era el amor de su vida porque la primera vez que la vio sintió que caminaba en cámara lenta. "¡Allá están!" gritó Camilito señalando a un lado del salón, y todos se dirigieron allí. Andrés las saluda a todas de la mano -igualito que se saludan los jugadores de baloncesto antes del partido- dejando a Carito para el final, obviamente. Sintió que las piernas se le doblaban cuando sintió esa mejilla suave en la suya. "¡¡¡NUNCA ME VOY A LAVAR LA CARA!!!" se juró a sí mismo. Era como estar en la puerta del paraíso. Sólo faltaba que San Pedro dejara entrar. La charla nerviosa se dio entre todos, Ricardo, el mayor de todos y el que siempre tenía un chiste a mano, era el que más hablaba. El chiste a mano es porque tenía unos papelitos en que anotaba los chistes. Era medio desmemoriado el pobre. Andrés estaba entre intentar decir algo inteligente y forzarse a no mirar mucho a Carito y delatarse. Lo peor que puede pasarle a un niño de esa edad es que ella sepa que él la quiere. Bueno, que lo sepa ella y que lo sepan sus amiguitas.

Cuando la música empezó, sonaba tan duro que ninguno se escuchaba, pero cuando Ricardo dejaba de gesticular, todos se reían en coro: seguro era algo chistoso. Andrés actuaba mecánicamente, lo único que tenía en mente era bailar con Carito por primera vez. Bueno, bailar con una mujer que no fuera su tía por primera vez. Respiró hondo, la miró muy nervioso, fue hasta allá y le dijo "¿bailamos?"

Continuará. 

Sunday, August 1, 2010

Las cocineras

-Ni tanto que queme al santo... -

¿Quién no ha tenido arrocitos en bajo? ¿Quién no ha sido arrocito en bajo de alguien? Muchos, casi todos. Y Andrés no es la excepción:

Él la conoció por coincidencia, como suele pasar en estos casos. El flechazo fue inmediato aunque no obvio. Cuando su amiga Luisa le dijo "Mira Andrés, ella es Silvana" él se presentó naturalmente: -"Hola Silvana, ¿cómo estás?" le dijo con sonrisa ganadora. Al principio él no le prestó mucha atención, precisamente porque no quería ser muy obvio. Esa noche la situación no pasó del juego de miradas típico dos personas que se gustan. Andrés sabía que toda mujer, comprometida o no, disfruta sentirse observada, siempre y cuando no sea de manera obscena, cosa que él nunca fue. Al final de la noche quedaron en hablar nuevamente, pero no hubo intercambio de números, correos, facebook, twitter, agendas, fluidos, ropa ni nada que se le parezca. Andrés confiaba en que se volverían a ver gracias a Luisa.

Fuente: http://bit.ly/c0l2rl
Un par de meses después había una celebración de los amigos de Andrés y Luisa, y ella invitó a Silvana. A pesar de que la noche siguió su curso normal -licor, música, baile, coqueteo, miradas- él no se imaginó jamás lo que pasaría después. Nunca había conocido a alguien que supiese manejar con tal maestría su sensualidad, alguien que supiera coquetear de manera tan clara y a la vez sutil. Casi que se podría decir que nadie más lo notó. Cada vez que bailaban juntos se sentían los corrientazos, la energía fluía entre ambos de una manera casi mágica. Los acercamientos hacían cortar la respiración de ambos. Y cuando no bailaban se seguían con la mirada... como retándose el uno al otro a no caer en las redes que cada quien tendió. Aún cuando alguno bailaba con otro no dejaban de mirarse. Ella lo miraba como diciéndole "yo no voy a caer en tu jueguito, yo sé que eres un perro". Él le devolvía las miradas con picardía y un "vas a caer. Ya caíste". Y aunque era la segunda vez que se veían todo estaba dicho. Era cuestión de tiempo: sus cuerpos no aguantarían mucho más.

Al finalizar la rumba el grupo decidió seguirla en casa de uno de ellos y allá fueron todos a dar pero fueron cayendo alcoholizados, uno a uno. Todos excepto Silvana y Andrés, que sabían que no fueron a emborracharse, sino todo lo contrario. La física química era latente, la vibra casi que se podía palpar con los dedos. Cuando sólo quedaba un amigo, este estaba sobrio. Así que la solución no era esperar que se durmiera sino despacharlo. Fue Andrés el que le llamó el taxi y lo acompañó a la puerta. "Chao Camilo, no llame cuando llegue, por favor". Cerró la puerta y se dio vuelta inmediatamente. ¡Oh sorpresa! ahí estaba Silvana, a escasos 30 centímetros de él. Muy sigilosa. Y muy oportuna. Prácticamente le leyó la mente a Andrés. Él sin esperar la besó con mucha pasión. Era un beso que estaba esperando por meses. Fue un beso de esos que se dan con todo el cuerpo. No se sabía quién lo había ansiado más.

Después de ese primer largo y apasionado beso se detuvieron y, como sucede en las películas, Silvana arrinconándolo contra la pared empezó a desabotonarle la camisa y le dijo al oído "Andrés, esto es sólo un reconocimiento de cuerpos, ¿ok?". Él sintió morir, no por lo terrible sino porque debía estar en el cielo, con angelito y todo. Esa mujer respiraba sensualidad por cada uno de sus poros. Las cosas siguieron como venían... y ambos se dejaron llevar sin importarles que a pocos metros muchos de sus amigos estaban durmiendo la borrachera. Por el contrario, lo disfrutaron. Fue una noche maravillosa.

***** *****

Siguieron saliendo, se veían con frecuencia, iban a cine, a compartir con amigos, él la recogía en su trabajo, ella a él... en fin, era una relación que avanzaba muy bien. Andrés estaba sinceramente comprometido con Silvana, como hacía rato no le pasaba. Le entusiasmaba la idea de enseriarse, sobretodo porque se entendían muy bien; se la llevaban de maravilla. Pero como suele suceder cuando las cosas son demasiado perfectas, ella empezó a alejarse. Ya no se veían tan seguido, ya ella prefería dormir hasta tarde un domingo. Ya no salían los viernes; ella se iba... "con mis amigas, Andresito. Es que desde hace rato estamos posponiendo esta reunión y ya me da cagada con ellas". Todo eso era cierto, y él nunca lo dudó pero no por eso le era más fácil. Un poco desconcertado Andrés optó por hacer lo mismo y se alejó. Empezó a salir sólo con sus amigos y ya no la invitaba a todo. Si Silvana quería ir, bien, pero si no pues él no iba a dejar de hacerlo. Sensato. 

Fuente: http://bit.ly/caYdE3
Como era de esperarse ella volvió a buscarlo. Las llamadas empezaban con un "Andresiiito, hooola!! ¿Por qué tan perdido, ah? No me volviste a llamar. Cómo te has vuelto de ingrato". Por supuesto el pendejo este cayó. Y se la creyó. Volvió a llamarla cada cierto tiempo para saludar, como para no dejar enfriar las cosas. Ella era un sol: le mandaba SMS cargados de sentimientos, le decía lo bien que se sentía con él. "Andresito, no sé por qué se me pasa tan rápido el tiempo contigo. Hacía mucho yo no duraba tanto en el teléfono. Es que contigo la paso genial". Pasado un tiempo, cuando Andrés sintió que las cosas volvían a tomar buen camino, Silvana cambió de nuevo su comportamiento. Las cosas se enfriaron y Andrés quedó de nuevo sin piso y extrañado.

Una noche de cervezas una buena amiga le dijo a Andrés: "mira, esa vieja lo que es es una cocinera. Ella es la cocinera y tú eres su arrocito en bajo. Ella pone a calentar el arroz pero cuando siente que se está calentando como mucho, pues lo enfría. Y cuando ya está frío, lo pone a tibiar un poco, hasta que llega al punto en que lo vuelve a enfriar. Es simple". Y sí. Tras pensarlo varios días Andrés se dio cuenta que es así, que Silvana sencillamente lo tenía para pasarla rico. De acuerdo, lo quiere, le interesa, pero no tanto como para tener una relación seria. Él era su arrocito en bajo y debía aceptarlo. 

Y lo aceptó, en el mismo instante en que decidió que aprendería a cocinar.

Friday, July 23, 2010

La primera tusa

Por @OmarGamboa
- Todo se paga en esta vida -

Gracias a Santiago -su mejor amigo de la infancia- fue que Andrés conoció a Paola, su primera traga. Y como toda primera vez, dejó recuerdos indelebles.

Paola era prima de unos primos de Santi, por lo que para alguna piñata familiar ella fue. Como era en la casa de Santiago, allá estaban Andrés y el combo completo. Cuando Andrés la vio quedo enamorado. Sí, eso era amor del de verdad. Él estaba seguro porque vio todo en cámara lenta. Vio como esa niña, pequeñita, flaquita, sonriente y encantadora caminaba muuuuy despacio regalo en mano, para dárselo a Dieguito, el hermanito de Santi. Pelo negro, largo y liso. Andrés no lo podía creer, es que era perfecta: 14 años muy bien vividos. Incluso parecía de 15. Andrés se imaginaba recogiéndola en su bicicleta, saliendo a comer helado y jugar maquinitas en las tiendas del barrio. No no no. Estaban hechos el uno para el otro.

Paola era de esas niñas que siempre se juntó con jóvenes mayores que ella, por lo que siempre fue más madura que sus contemporáneas. Donde debía haber muñecas, ella amontonaba cartas de sus muchos enamorados, cofres con collares, maquillaje y toda suerte de cachivaches propios de una adolescente crecidita. Visitar a Paola era soportar que los grandes de 18, de esos que ya se afeitan, llegaran a visitarla y él pasara a segundo plano. Paola salía a atender la visita en la entrada de su casa y Andrés jugando con el french poodle típico de quinceañera con plata. "Pero yo estoy ADENTRO de la casa, ¡JA! Si llueve, él se moja y yo no!". Nunca llovió.

La traga de Andrés era evidente. Esa niña le hizo sacar toda la creatividad de su ser. Fue por ella que él conoció la poesía de Benedetti. Fue por ella que él supo quién es Bécquer. En una ocasión, para su cumpleaños número 15, él dibujó y recortó en cartón las letras de su nombre (del de ella, no el de él, tampoco era tan pendejo) y en cada letra escribió un poema. Hoy en día Andrés agradece que no se llamara Margarita o Uldarica. Es que no tenía plata para tanto cartón paja. Paola quedó matada con ese regalo. Inmediatamente fue a su habitación, despegó un montón de cartas de su primer novio y pegó cada cartón P-A-O-L-A ocupando todo lo ancho de la pared. Andrés caminó orgulloso -bueno, flotó- como por una semana.

Luego de un buen tiempo Andrés no aguantó más. Esa tarde se dijo que Paola sería suya por fin, o moriría en el intento. Todo el parche estuvo de visita por allá, en esa tierra linda y lejana. Paola vivía a unas 40 calles del barrio de Andrés. Al final de la tarde cuando ya se regresaban, Andrés sacó fuerzas que no sabía que tenía y regresó a casa de la niña. Timbró. Paíto salió tan hermosa como siempre y abrió la puerta: "Hola Andresito, ¿qué pasó?" dijo con su sonrisa perfecta. Con toda la valentía que Andrés tenía le dijo "eeeeh... hmmmm... este... pa... pa... hmmmm... " ... "Pao, quiero decirte algo". De alguna manera le confesó su amor. Paola siempre lo miró sonriente y enternecida. "Esta nena es mía" se dijo Andrés. "Aquí fue". "Por fin sabré qué es dar un beso".

Al final de su discurso perfecto, escasamente ensayado unas 17 veces, Paola le respondió "Ay Andresito, tan lindo. Pero... es que tú sabes que yo terminé hace poco con Mario, yo ahorita no quiero nada con nadie". Ouch. Andrés sintió que el corazón se le achicaba. Como que se escondió detrás de los pulmones para no recibir el golpazo. Pero el bendito corazón ese no se ocultó bien porque allá sintió la bofetada.

De todas maneras no fue tan doloroso. Andrés se fue tranquilo sabiendo que era por una buena razón. Ella prefería estar sola y era lógico, luego de terminar con el desgraciado ese de Mario lo más obvio es que ella descansara un tiempo. Pero luego de ese tiempo sería suya. ¡JA!. Bueno... ¿y la tusa?

Pues la tusa vino luego, como a las dos semanas, cuando todo el combo fue a visitar a Paola y Andrés descubrió que ella y Santi eran novios (Es que Santi siempre fue el más popular de todos). ¡¡MALDITA SEA!! ¡¡MALDITAS MUJERES!! ¡NO ME VUELVO A ENAMORAR NUNCA! ¡¡LAS ODIO A TODAS!! -Hasta que conoció a Carito, su primer amor verdadero-. Según Andrés me dijo, luego, cuando él ya era novio de Carolina, vio llorar a Paíto por él, entregándole una cartita como las que él solía escribirle a ella, confesándole que no toleraba verlo junto a Carolina. Típico. Es que todo se paga en esta vida.


Monday, July 19, 2010

Los Romances de 10 minutos

Si me enamoro en un día, me desenamoraré… para tener la alegría de enamorarme otra vez… ♪

Otra categoría de mujer que podemos encontrar, es aquella que podemos ver  en algún medio de transporte, en la fila de un banco o incluso en algún bar. Es esa mujer que de entrada nos parece sensacional, que fácilmente puede ser la mamá de nuestros hijos, pero con la que siempre nos vemos en una situación como la siguiente:

Andrés va por el pasillo del avión, rumbo a la silla 17K, en un vuelo corto de aproximadamente 30 minutos. Mientras espera que varios de los pasajeros ubiquen el equipaje de mano en los compartimientos, observa detenidamente a una bella joven, de no más de 24 años, rubia, ojos claros que cruza su mirada con él, por cuestión de unos varios segundos.

- Con ésta me caso!  - se dice a sí mismo.

Seguidamente, continúa su paso hacia su asiento, no sin antes pasar por el lado de aquella hermosa dama, observándola y ella sin prejuicios, le entrega una linda sonrisa. Andrés continúa decididamente hacia su silla, pensando seriamente en cómo puede intentar conocer a esta señorita. Una vez en su asiento, no tiene cabeza para pensar otra cosa que no sea la chica de unas cuántas filas adelante. Se imagina hablando con ella, tomándose un café en cuanto termine su vuelo. Sin embargo, está devanándose los sesos pensando en cómo abordarla:

- Y si le pregunto la hora? – No, el celular tiene reloj. Qué cursi!
- Cómo te llamas? – No, muy directo.
- Qué tal el clima? – Loooooser.

Entre tanto y tanto empieza el vuelo y aún no encuentra la respuesta acerca de cómo abordarla. Mientras empieza el servicio a bordo, intenta mirar hacia adelante, para ubicar donde está su “próxima novia” y empezar a notar sus gustos. – Tal vez prefiera café que jugo… - Se pregunta a sí mismo. Alza su cabeza tratando de no ser observado y sin embargo, no alcanza a determinar cuáles son las preferencias de su dulce doncella.

Una vez está finalizando el viaje, empieza a sudar frío, porque está dejando que todo fluya. El avión ya se encuentra en tierra y la gente se levanta para recoger su equipaje de mano, mientras que Andrés intenta ubicar al nuevo amor de su vida.

Cuando empiezan a bajarse del avión, Andrés pierde el contacto visual… y una vez en tierra, empieza a mirar en todas las direcciones posibles, por donde pudo haberse ido. Finalmente después de unos 5 minutos de caminar rápidamente por el aeropuerto, la ve en la salida, dándose un tremendo beso con un tipo fornido y bien parecido. De repente se vuelve y cruza nuevamente mirada con el pobre Andrés y ella le sonríe, haciendo un gesto de despedida. Él se queda pasmado ante esta penosa situación, con sus mejillas sonrojadas y una inesperada sonrisa 

Wednesday, June 16, 2010

La Cuchi-Barbie (segunda parte)

Por @OmarGamboa

- Más sabe la diabla por vieja que por diabla -

(Aquí la primera parte)



Llegó ella muy cumplida en su carro negro y lo recogió. Él no sabía cómo saludarla pero Verónica le evitó el lío dándole sendos besos, que de nuevo le quitó el habla a Andrés. Ahí fue cuando él notó que la faldita que llevaba era bastante corta y que esas piernas se veían muy bien mientras ella conducía. No parecían piernas de una mujer tan madura como Verónica. Ella conocía muy bien a los hombres y sabía mil maneras para seducir, sin lugar a dudas. De camino Verónica le dijo "ven, pasemos por allí por Carulla y compramos algunas cositas". "Claro, el guaro, los paquetes de papas, los chicles... lo de siempre", pensó Andrés. Estando en Carulla ella se desvió y fue por queso, vino... y en la caja tomó condones y mentas. Andrés estaba fascinado.

En el carro él no podía apartar la mirada de las piernas de Verónica y ella lo sabía, porque cada vez lo provocaba más. Él no sabía para dónde iban, pero lo fue descifrando cuando notó que no era para el apartamento de ella. Terminaron entrando a uno de los moteles con mejor 'nombre' de la ciudad. Cuando vio el nerviosismo de Andrés, ella le dijo "fresco, yo pago". Entraron y Andrés vio todo muy diferente. En este la cama se veía hasta bonita. Había jacuzzi y sauna. "No, no, no. Esto es otro mundo". Seguramente Verónica ya había ido porque sabía exactamente cómo utilizar cada cosa. Cómo encender el sauna, el jacuzzi... mientras que Andrés sólo le atinó al On/Off del equipo de sonido. Ella magistralmente se quitó toda la ropa y le empezó a quitar una a una las de Andrés. Eso era como un sueño para él. Sentía por primera vez que se lo iban a comer, y no al contrario. Después de dejarlo completamente desnudo, lo tomó de la mano y lo llevó al jacuzzi, que había puesto a llenar previamente. Tomó un par de frasquitos y los desocupó en el agua. "Son las sales para la espuma, Andresito".

Entraron al agua y ella tomó el control de la situación. Literalmente. Al poco rato ella salió de allí, cubierta únicamente de espuma... escultural. Volvió con la botella de vino y dos copas, que empezaron a beber. De nuevo en la tina, fue donde Andrés aprendió para qué son las dichosas salesitas esas. Allí fue donde ella le explicó que los grifos no son sólo para sacar agua y que el chorro, las burbujas del jacuzzi, no es sólo para la espalda. Mucha información nueva para tan poco tiempo, pero Andrés supo desenvolverse satisfactoriamente. Ahí descubrió para qué eran las mentas heladas. No para después del queso, no. Sino para refrescar otros lugares de sus anatomías. Además entendió por qué no podía ser cualquier menta. Desde ahí él las adora. A las mentas y a las cuchi barbies.

Después de una larga y extenuante jornada, decidieron salir de la tina y relajarse en el sauna. Bueno, relajarse es un decir porque Andrés, que nunca había estado en un sauna, sentía que no tenía aire y que se le quemaba hasta el culo. Literalmente. No se imaginaba teniendo sexo en condiciones tan extremas, como Verónica insinuó. Andrés regresó a la habitación, a tomar aire y a esperar a Verónica. Por supuesto cuando ella llegó, sació su insatisfecha necesidad. Y la volvió a saciar. Y la volvió a saciar. Andrés llegó a las 7 de la mañana a su casa, extenuado pero con una risita pendeja que le duró un buen rato.

Al buen tiempo se volvieron a ver, esta vez en el apartamento de ella. En esta ocasión ella le mostró su "kit especial": un maletincito pequeño en el que tenía toda suerte de cremas, cremitas, esponjas, juguetes, esencias y aceites -chicles, mentas, maní, caramelo-. Andrés aprendió en dos noches más que en el resto de su vida. Fue un curso intensivo de kamasutra y accesorios. Al parecer lo pasó con honores porque ella lo siguió llamando. 

Como era de esperarse la vida siguió su rumbo y él volvió a salir con las amigas de su edad, sus compañeras de clase. Aprovechó para enseñarles algunos de sus nuevos 'trucos'. Lo que a él no le gustó fue que ella después re apareció y le hizo reclamos a Andrés por perdido. Le hizo escenas de celos, le reclamó el tiempo invertido, y que ella le tenía copia de las llaves de su apartamento, que el cepillo de dientes y demás. Ahí él entendió por qué Verónica no tenía pareja. Al principio él se disgustó y se apartó. Pero con el tiempo fue entendiendo. No era sólo sexo. Es que las viejitas también tienen su corazoncito.

Wednesday, June 9, 2010

La Cuchi-Barbie

- Más sabe el diablo... -

No se veían hace mucho rato. Se encontraron en una fiesta familiar. Ella es amiga de la familia así que conoce a Andrés desde que era un niño. La diferencia de edades no es tan grande pero sí lo suficiente como para que a él jamás se le pasara tener algo con ella. Cuando era niño la veía llegar de visita a la casa mientras él jugaba con sus amiguitos.

La fiesta era formal, todos vestidos elegantemente. Ya habían pasado los suficientes años como para que Andrés le causara a ella malos pensamientos pero no tantos como para que ella no a él. Ella le dijo algo como "Hola Andresito ¿cómo estás? Tú siempre tan churrito, ¿no?". Ella siempre fue coqueta con él, pero para Andrés no pasaba de ser un juego inocente, hasta esa noche. Él le respondió "Huy Verónica, qué bien se te ve ese vestido largo. Aunque lástima lo largo" -"No, largo me gusta más" respondió Verónica con mirada muy pícara y tono aún peor. Obvio, Andrés sintió un escalofrío por todo el cuerpo. La charla continuó, con algunos indirectazos disimulados. No se podía avanzar mucho más puesto que estaba toda la familia presente. Verónica empezó a hablar de sexo sin preocuparse, dándole consejos a otro de los presentes, pero sin dejar de mirar a Andrés de manera provocadora. Ni hablar de cuando sirvieron el postre. Andrés sólo pensaba que la 'señora' no sólo usaba bien la lengua para hablar. La noche se le hizo muy corta a Andrés. Ojalá hubiese sido tan larga como la falda de Verónica. Hay que decir que ella, aunque estaba entrada en años, se veía muy bien, figura delgada, no muy voluptuosa, pero para nada como cualquier otra mujer de su edad, muy bonita, por lo que Andrés no entendía por qué nunca se casó. Tampoco le conocía novio. Al menos no lo llevó a la fiesta.

Al finalizar la fiesta intercambiaron teléfonos con la promesa de salir algún día "a cine, o a tomar café, Andresito. Me llamas y listo". Él la acompañó al carro y, con su complicidad, ella le dio el beso que sólo una mujer de esa edad sabe dar. En cinco segundos de beso lo transportó mentalmente a la habitación de Verónica, desordenaron todo... fue y volvió. Necesitó un par de segundos más para recuperarse y asimilar ese huracán que le acababa de pasar por encima sin despeinarlo -mucho-.
Dejó que ella se fuera para quitarse la cara de tarado y entrar a la fiesta "como si nada". Esa noche cuando se acostó él se dijo "marica, voy a coronar cuchi-barbie".

Pasó el tiempo y por fin él se decidió a llamarla. No quería pasar por el niñito intenso. Además pasó mucho tiempo pensando en qué plan armar: aquí la invitación a helado no cabía. Tampoco el plan de cervezas en los bares de la universidad, que eran los únicos que conocía. Él no se atrevería a llevarla allá con todos sus amigos merodeando para morbosearle la vieja o gritarle 'asalta-tumbas' a Andrés. Así que optó por reconocer su inexperiencia con mujeres mayores y sincerarse con ella: "Vero, no sé a qué invitarte, tú decides". Ella se rió sonoramente y le dijo "fresco Andresito que yo no me pongo con pendejadas. Yo sé qué es lo que quiero de ti. Dime en dónde te recojo a las 9 de la noche y yo te armo el plan". Luego de que él cerrara la boca acordaron lugar.

Andrés no lo podía creer: una mujer en toda la expresión lo iba a recoger, él se subiría y se dispondría a pasar una noche que perfectamente podría pasar a la historia. Sería una noche apoteósica. ¡¡ No iba a comer hamburguesa sino langosta !! La locura. Se puso la mejor pinta que encontró y se fue a cumplir la cita.
Continuará... ?

Sunday, May 9, 2010

La traga maluca


La traga maluca es ese peculiar ser que ha sido la causal de muchas alegrías, momentos especiales, desagradables y algunos otros como para no recordar de nuestras vidas. Son esas personas que por más alejadas que permanezcan de nuestras vidas, siempre encontrarán el momento justo para aparecer nuevamente, dejando atrás todo el trabajo que arduamente hemos realizado para conseguir olvidarla. Es ese tipo de gente que por más que nos esmeremos en sacarla de nuestro corazón es prácticamente imposible lograrlo. Conocen el momento preciso para entrar en acción, cual leopardo que acecha a su presa en el desierto y uno se asemeja a ese pobre venado, lleno de cuernos y tratando de correr para que no nos alcance la yugular… labor casi imposible debido a que son implacables, calculadores y en algunos casos, ni siquiera corremos… sino que vamos en busca de ellos. Como res al matadero.

Es la típica persona que te ilusiona, te pone el corazón a palpitar al máximo, te hace sentir supremamente especial y cuando llega el momento de entrar en acción, siempre tiene mil disculpas para no salir, con tan buena suerte para ella, que uno termina creyéndole siempre.

Wednesday, April 21, 2010

Un día Juliana llegó... (quinta parte)

Si te perdiste la cuarta parte, haz click aquí

Por: OmarGamboa
- El problema no está en el uso sino en el abuso -
Mientras limpiaba las manchas de chocolate derramado -ya que el pan cayó justo en el pocillo humeante- Andrés miró a su mamá y le pidió que contestara el citófono y que ni de fundas dijera que él estaba en casa.

"Buenos días don Argemiro.... sí señor... sí, Juliana es la amiga de mi hijo... no, no la deje pasar, mi hijo no está.... no... don Argem... no, no me la pase.... Hola Juliana!! ¿Cómo me le va? .... Sí, él está en el matrimonio... no Juliana, yo no la puedo dejar pasar... ¿bañarse?... sí, yo entiendo pero... No, él está en el matrimonio, no lo puedo llamar ahora... no, yo no la puedo dejar pasar, mi esposo se disgustaría... sí, disculpe pero... ok, ok. Yo le digo que la llame apenas pueda. Bueno, hasta luego Juliana".

Colgó el citófono y ambos se miraron como diciéndose "¡Qué descaro!". Efectivamente la niña no pasó el día anterior por las maletas y las dejó en la portería que ya pasó a ser su armario personal. Andrés pensó que igual ella no tenía celular por lo que él no tendría a donde llamarla y se esperó una tarde tranquila. Seguramente ella se llevó las maletas, trató de convencerse. En repetidas ocasiones entraron llamadas al celular de Andrés, como siempre de números desconocidos, hasta que él decidió contestar una y decir que estaba ocupadísimo en medio de la ceremonia. Para su sorpresa, era voz de hombre: "¿Don Andrés? ¿cómo me le va? Esculpe, es que tengo aquí a doña Juliana que dice que usté la puede recoger" -"¿Recoger? ¿Recoger en dónde? No señor, qué pena, pero yo estoy en una misa en este momento no puedo salir. Dígale a Juliana que yo la llamo tan pronto pueda, gracias". Andrés sólo pensó que Juliana seguramente estaba borracha. ¿En una tienda? ¿por la 53? ¿Enfermita o borrachita? Esta vieja está como loca, se dijo.

Todo estaba fríamente calculado, ella no tenía celular así que se podría zafar de esta. Pobre iluso. Las llamadas no se hicieron esperar mucho. De nuevo, después de muchas llamadas perdidas Andrés decidió contestar: "Andrés!! ¿por qué no me contestas? -voz femenina, rápida y con tono exigente- Mira, es que estoy enferma y necesito que me recojas ya. Estoy en una tienda cerca a la 53" ¿Y esta vieja pendeja qué hace por la 53? Está como loca, pensó él, "¿enferma? ¿cómo así? Pero Juliana, tú sabes que yo estoy en Chía en el matrimonio, yo no me puedo volar así como así. Llama a alguien más" -"Pues es que llamé a mi hermano y él también está en Chía y tampoco me puede recoger". ¿UN HERMANO? ¿Tiene un hermano en Bogotá? ¿Y él no la recoge? ¿Y espera que yo sí me encarte?, fueron algunas de las preguntas que se hizo Andrés entre sorprendido y de mal genio. "Lo siento Juliana, yo no puedo hacer eso" -"Es que estoy muy enferma, me duele mucho el estómago, necesito que alguien me saque de aquí". Por supuesto él sólo pensaba que ese no era su problema, que la niña no pasaba de ser una conocida y que su responsabilidad se acabó hace mucho tiempo. "Juli, mira, si estás muy enferma, pues coge un taxi, llama una ambulancia, ¿qué sé yo?" -"¿Y a dónde llamo una ambulancia?" -"No sé, la de tu EPS, o en últimas marca al 123". -"Ay Andrés, llámame tú la ambulancia" -"No, yo no te voy a llamar la ambulancia, no sé tus datos, escasamente sé tu nombre y me van a preguntar tu cédula y demás. Lo más fácil es que llames tú". Tras ires y venires similares la conversación finalizó. Esta vieja está loca, se dijo.

Esa noche Andrés tenía una reunión con sus amigos, unos tragos pendientes. A media noche entró otra llamada al celular de Andrés, que nunca contestó. A las 5 de la mañana él llegó a su casa, bastante entonado, y a punto de cerrar los ojos entró otra llamada. Contestó. Otro desconocido diciendo que "Doña Juliana está aquí cerca al Carulla de la 85, que si la viene a recoger que está enferma". ¿Podrá ser tal el descaro? De mal genio y borracho le dijo "Mire señor, yo escasamente conozco a esa niña. Yo estoy durmiendo, ella no es mi responsabilidad, así que lo siento mucho" y colgó.

Ese domingo pasó sin noticias de ella, por supuesto Andrés se levantó tipo 3 de la tarde. Salió a la tienda y pasando por la portería: "Argemiro, quiubo! ¿Qué? ¿Al fin a qué hora pasó mi amiga por las maletas?" -"¿Maletas? Don Andrés, las maletas siguen aquí. Su amiga está como loca porque ayer que vino estaba toda acelerada que porque no pudo subir y necesitaba bañarse. Me preguntó si aquí tenemos ducha, que si se podía bañar, que nosequé. Al final se cambió aquí en el bañito que tenemos y se fue, pero dejó las maletas". Andrés estaba sencillamente estupefacto. Eso lo superaba todo. Ya en el apartamento revisó su facebook y se encontró con una cantidad de estatus de Juliana que decían algo como "Estoy en la clínica, necesito que alguien venga y me recoja", 6 am. "Por favor, alguien venga por mí que no me dejan salir sola, estoy en la clínica Shaio", 8 am. "Alguien que pase por mí. Se me borran cosas de la memoria, venga alguien" 10 am. "Ya vienen por mí, gracias" 1 pm.

Andrés quedó extrañado y preocupado. Más lo primero que lo segundo. A las 9 de la noche una nueva llamada. Contestó y era Juliana. Le contó que estaba por la 85 y la "emburundangaron" como a las 5 am. ¿Qué hacía ella a las 5 am por ese sector? Esa vieja está como loca. Que se le estaban olvidando las cosas y que la llevaron en un taxi a esa clínica y que por fin la recogió un amigo. Le dijo a Andrés que iba para su casa para pasar por la ropa. Finalmente. Llegada la hora bajó a la portería, le entregó las maletas a Juliana y ella se fue con su amigo. Andrés quedó muy sorprendido porque Juliana no hizo más que agradecerle lo bien que él se portó con ella. Le agradeció mucho que le haya permitido dejar las maletas, que la haya dejado pasar la noche (las dos noches), y que estuviera pendiente de ella. Andrés no pudo más que sentirse mal porque no hizo tanto y sólo atinó a responderle "por nada Juli, por nada". Juliana parecía otra, tenía una actitud calmada, muy diferente al usual acelere.

Pasaron dos semanas sin que él supiera nada de ella, hasta que vio en facebook en el estatus de Juliana que decía que le habían diagnosticado "trastorno afectivo bipolar". A partir de ese momento, para Andrés todo tuvo sentido. Efectivamente, esa vieja estaba loca.

Sunday, April 4, 2010

Un día Juliana llegó... (cuarta parte)

Si te perdiste la tercera parte... haz click aquí.

Por: OmarGamboa

- Agua que no has de beber, déjala correr -
Varias veces llamó Juliana a su amigo sin ninguna respuesta. Cansado como estaba por no haber dormido la noche anterior, pensando en que mientras el amigo aparecía y ella se fuera podría pasar mucho tiempo - ya era más de media noche y Andrés tenía que madrugar a trabajar y no podía darse el lujo de llegar un minuto tarde- fue que Andrés finalmente decidió a regañadientes decirle a Juliana que pasara la noche con él. Juliana estaba terriblemente buena, pero claramente ella no le daría ni la mano. Así las cosas era más el costo que el beneficio, pero era preferible eso a llegar a la oficina con dos horas de sueño encima, máxime cuando la noche anterior tampoco durmió un carajo.

La niña evidentemente aceptó pasar la noche con él. Más se demoró él en pedírselo que ella en ponerse la pijama (obvio, frente a él) y acostarse a dormir, dándole la espalda -y ese culo caido del cielo-. Andrés suspiró y recordó cómo es que se sentía cuando adolescente, se dio media vuelta y durmió. Al otro día sucedió lo mismo: ella se tomó todo el tiempo del mundo para arreglarse y salir. Andrés sabiendo cómo iba a ser aquello, no la esperó y se entró a bañar temprano esperando que ella hiciera lo propio. Antes de bañarse sucedió algo inesperado. Algo que uno sólo espera que pase en las películas, en las novelas, comedias o cuando mucho, en un blog: "Huy Andrés, acabo de tener un accidente. ¿No tienes de casualidad por ahí unas toallas higiénicas?"

Cuando Andrés reaccionó, casi que le responde "Qué pena, se me acabaron justo ayer". Sabiendo que era una emergencia le dijo "no, pero ya llamamos a la droguería a ver si nos hacen un domicilio". Andrés llamó a cuanta droguería había en su barrio y cercanías, pero en ninguna contestaron. Sólo en una, en donde le dijeron que los domicilios se hacen a partir de las 8 am. Eran las 6. Maldición ciega, maldición china, indonesia... todas juntas. Además que fuera sólo desde las 8 implicaba quedarse hasta esa hora allí, y Andrés necesitaba estar antes de las 9 en su trabajo. Era posible, aunque complicado. Resignación de nuevo: madrugar no sirvió de nada. Él se arregló, le pidió a ella que se alistara también. Finalmente llegaron las dichosas toallas higiénicas, con alas por supuesto. (¿No podían haberlas mandado volando?). Cuando ella estuvo lista para salir y Andrés estaba al borde del infarto, faltaban 20 minutos para las 9 de la mañana. Juliana le dice "Oye, no tengo plata, ¿me acompañas a un cajero?". Él tenía el tiempo preciso para dejarla en el paradero del bus, no podía darse el lujo de desviarse, esperarla o dejarla "tirada" en cualquier lugar, aunque ganas no le faltaran. Andrés prefirió prestarle plata -más- y no perder el tiempo que no tenía. "Oye ¿y qué hacemos con las maletas? -le preguntó Juliana- Yo no me las puedo llevar. ¿Las puedo dejar aquí?". Como si fuera poco. Pensándo rápidamente Andrés le dijo que entonces las dejara en la portería y se encontraran allí, mientras él sacaba el carro. "Ah, ¿vas en tu carro? ¿Entonces por qué no dejamos las maletas en tu carro y cuando nos encontremos por la noche me las das?" -"Esteeee, no, no. ¿Qué tal necesites algo y yo no pueda encontrarme contigo? Mejor las dejas en un lugar al que puedas ir en cualquier momento". La excusa funcionó y ella finalmente dejó las maletas en la portería. Andrés fue por el carro, recogió a Juliana y salió disparado. La dejó en el bus con tan solo 7 minutos para llegar a su oficina a tiempo, estando a 60 calles. Increíblemente llegó a tiempo a la oficina (manejó como loco desesperado, tal vez porque efectivamente lo estaba), contó con suerte y no había tráfico.

A lo largo del día Andrés recibió múltiples llamadas a su celular, desde números desconocidos. Siempre supuso que era Juliana y él sencillamente prefirió no arriesgarse y no contestarle a nadie cuyo número no conociera. No tenía ninguna intención de encontrarse de nuevo con ella. Ya era suficiente. Más que suficiente. Esa noche, Viernes, Andrés se iba a reunir con sus amigos, como de costumbre. La cosa es que donde siempre se ve con sus amigos era exactamente la misma zona donde Juliana dijo que iba a estar, así que cuando él fue luego del trabajo sentía paranoia. En cada esquina paraba y miraba antes de cruzar, miraba por los espejos a ver si alguien lo seguía. Se subió la solapa de la chaqueta. Caminaba mirando al suelo. No, es que Jason Bourne come chitos al lado de lo que Andrés hizo esa noche. Luego del operativo se encontró con sus amigos y les contó la "pequeña" historia. Por supuesto ellos nunca le creyeron, no que hubiese pasado, sino que él no le haya tocado un pelo a la niña. Ok, Andrés tampoco lo creía. La noche pasó sin contratiempos.

Al otro día, Sábado, Andrés tenía un matrimonio y Juliana lo sabía. Sin embargo, por cosas de la vida el matrimonio se aplazó así que Andrés estaba libre y el sábado durmió hasta tarde. Eso Juliana no lo sabía. A eso de las 10 am Andrés se levantó, saludó a su mamá y se pusieron a conversar, Andrés contándole los últimos acontecimientos con Juliana. Empezaron a desayunar cuando sonó el citófono. Podemos comparar eso con la música de Psicosis. Andrés soltó el pan que tenía y con la boca abierta miró a su mamá. Ella también lo miró. El terror se apoderó de él.

(Continuará?)

Friday, March 19, 2010

Un día Juliana llegó... (tercera parte)

(Aquí la segunda parte)

Por: OmarGamboa
- No hay bonita sin su pero -

Andrés fue a su oficina -como todos los días- tarde -como todos los días-. No por mucho madrugar amanece más temprano. A lo largo del día Juliana estuvo llamando insistentemente al celular de Andrés. Primero para avisarle que ella se iba a Fusa (ciudad muy cercana a Bogotá) a firmar un contrato, cosa que a Andrés le tenía sin cuidado, la verdad: finalmente Juliana no es de sus amigas cercanas. Al rato llamó nuevamente a preguntarle por su cédula: (leer rápidamente y sin respirar) "oye no encuentro mi cédula. ¿Le puedes preguntar a tu mamá que si la dejé entre mis cosas en tu casa?". Con toda la verguenza del mundo por inmiscuir a su mamá en el asunto, Andrés accedió a llamar a preguntar. A los 3 minutos 16 segundos flat Juliana llamó nuevamente. "Juli, espera que mi mamá está buscando, tan pronto ella me llame yo te aviso, ¿vale?". Al poco rato Andrés llamó nuevamente y su mamá le confirmó que allá no había ninguna cédula. "Eso sí, aproveché para ordenarle la ropita a su amiga y volvérsela a meter en las maletas". "Juemadre, qué inteligente mi mamá, carajo", se dijo mientras le marcaba a Juliana a contarle lo de su cédula.
Un par de horas después recibió otra llamada de Juliana, esta vez desde un número desconocido porque de tanto llamar, Juliana ya había descargado el suyo:
- "Hola, ¿cómo te fue? ¿ya estás en Fusa?"
- "No, estoy en Mazurén".
- "¿y tú qué carajos haces en Mazurén?".
- "es que sin cédula no puedo firmar el contrato, entonces me vine a poner el denuncio".
- "pero ¿por qué en Mazurén, si el terminal de transportes es al otro lado de la ciudad?"
- "es que voy para tu casa"
- "¿QUÉ? ¿cómo así que para mi casa? ¿a qué vas a mi casa?"
- "pues porque voy a dormir, ¿no ves que pasé la noche de largo?"
- -Yo también, pendeja- "no Juliana, en mi casa no hay nadie para que te abra, tú no puedes ir a dormir a mi casa"
- "¿no? ¿y entonces?"
- "no, pues no sé. Tú tenías un seminario, ¿no? ¿por qué no vas?"
- No, yo pedí permiso allá. No hay problema, voy mañana.
"¿Mañana? ¿eso sigue mañana?" fue lo único que pudo preguntarse Andrés que cada vez estaba más sorprendido con la desfachatez de Juliana. Al final acordaron que ella pasaría el tiempo de alguna manera, mientras daban las 6 y Andrés podía salir del trabajo. Hacia las 3 de la tarde la niña llamó de nuevo a decirle que estaba aburrida en una tienda, que ya no sabía qué más hacer. "Ok, entonces nos vemos en el Andino a las 5.30. Haz tiempo, que yo tampoco me puedo volar tan temprano", le dijo resignado. Faltando poco para la hora de la cita ella llamó -de otro número desconocido, por aquello de no tener batería en su celular- a decirle (ya saben, rápido y sin respirar)

- "estoy en unilago, cobrando una plata que me debían. En dónde nos vemos?"
- "pues en donde quedamos" -pregunta tonta, respuesta tonta.

Sabiendo que la niña no era particularmente cumplida, Andrés no salió a tiempo para la cita. Se fue para el Andino, al punto exacto de encuentro. Como temía, Juliana no estaba. El problema es que no tenía manera de ubicarla ya que la niña no tenía celular. Tras un largo rato de espera y ya a punto de irse para su casa, ella llamó a decirle que ya estaba por salir. Por fin. Andrés esperó pacientemente y, a pesar de que ella no estaba nada lejos, se demoró eternidades -o eso le pareció a él-. La niña llamó nuevamente -para qué carajos- a preguntarle a Andrés dónde estaba.

- "pues donde quedamos, en el mismo sitio que hace una hora. ¿dónde más voy a estar? la pregunta es ¿dónde estás tú?", le respondió él de la manera más paciente que pudo.
- "aquí frente al juan valdez del andino".

Él sólo pensó que a estas alturas era más fácil que él fuera a buscarla de una bendita vez y no darle pie a que se pierda de nuevo, pero cometió el error de colgarle. Llegó al Juan Valdez y nunca la encontró. Miró a lado y lado, entró a la plazoleta, revisó la fila, fue hasta el baño, salió, saltó, refunfuñó. Juliana no aparecía. A punto de desistir e irse de una bendita vez para su casa, ella apareció entre un grupo de vendedores ambulantes. Entre aliviado -porque apareció- y resignado -porque apareció- Andrés fue hacia ella, quien estaba escogiendo collares de uno de los vendedores y al tiempo jugando con un niño, hijo de una señora de aquellas que venden minutos a celular. Evidentemente Juliana llevaba un buen rato porque ya tenía al menos 20 collares escogidos, colgando de su brazo mientras el vendedor se sentía realizado porque logró su agosto. "Bueno señor, entonces guárdeme estos collarcitos que no tengo plata aquí, pero mañana venimos a esta misma hora, ¿cierto Andrés?", dijo ella. Andrés visiblemente molesto le dijo que sí, como para salir rápido del asunto. Terminada la "transacción" Andrés empezó a caminar hacia los bares para escoger dónde sentarse y así decirle un par de cosas a Juliana, hasta que notó que la susodicha no venía con él. Al mirar atrás la vio hablando con la vendedora de minutos a celular y con su hijo, alzado. Con la resignación aumentada al 200% Andrés regresó y escuchó a Juliana diciéndole a la señora: "Bueno, ya sabe mi señora, nada de comprarle pendejadas al niño, comida chatarra y esas cosas. Me hace el favor y le compra un mercadito bien nutritivo. Es más, ¿sabe qué? tome mi número de celular y me llama mañana que a esta hora voy a estar por acá y le doy una platica. ¿Cierto Andrés?". Él no sabía si sorprenderse a estas alturas, pero no dejó de llamarle la atención que ella fuera tan confiada, tan descomplicada y tan generosa. En una ciudad como Bogotá no se acostumbra a darle el número de celular a alguien que acabas de conocer, particularmente a unos vendedores ambulantes, y tampoco se regalan 100 mil pesos así como así.
Cuando por fin Juliana recordó que se iban a ver para tomar algo y charlar -fue la cara de Andrés la que le "recordó" el compromiso inicial- se dirigieron a escoger alguno de los bares. Se sentaron en una de las terrazas, ordenaron un par de cocteles y empezaron a hablar. Luego de tocar varios temas banales, Andrés le dijo a Juliana que ella no podía quedarse esa noche en su casa, que lo que inicialmente hablaron y lo que él tenía entendido es que ella venía por una noche. Que el favor que ella le pidió fue recogerla, no servirle de hotel. Bueno, no se lo dijo de esa manera, pero en resumidas cuentas esa era la idea. Juliana comprendió y empezó a llamar a sus amigos en la ciudad a ver si alguno le daba un lugar para pasar la noche. Las maletas de ella seguían donde Andrés, pero eso era lo de menos con tal de no tener ese compromiso y no seguir molestando a su mamá. Juliana llamó cualquier cantidad de gente -desde el celular de Andrés, recordemos que el de ella se descargó en la mañana- y por fin un amigo accedió, pero con el compromiso de que se fuera de rumba con ella esa noche. Andrés reconoció su única oportunidad. Era ahora o nunca. Fue por eso que él le propuso ir a su casa para recoger las maletas y que ella saliera para donde su amigo. Cuando llegaron al apartamento de Andrés encontraron -como él ya lo sabía- las maletas de Juliana empacadas y listas. "Andrés, ¿me prestas tu celular? voy a llamar a mi amigo para ver dónde está". "Claaaaaaro Julianita" dijo él, encantado. Ella lo llamó, dejó timbrar y colgó. Marcó de nuevo, dejó timbrar y colgó. Marcó una tercera vez, con el mismo resultado. El amigo de Juliana no aparecía.

Maldición ciega.
 

Amigos que nos siguen