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Sunday, August 1, 2010

Las cocineras

-Ni tanto que queme al santo... -

¿Quién no ha tenido arrocitos en bajo? ¿Quién no ha sido arrocito en bajo de alguien? Muchos, casi todos. Y Andrés no es la excepción:

Él la conoció por coincidencia, como suele pasar en estos casos. El flechazo fue inmediato aunque no obvio. Cuando su amiga Luisa le dijo "Mira Andrés, ella es Silvana" él se presentó naturalmente: -"Hola Silvana, ¿cómo estás?" le dijo con sonrisa ganadora. Al principio él no le prestó mucha atención, precisamente porque no quería ser muy obvio. Esa noche la situación no pasó del juego de miradas típico dos personas que se gustan. Andrés sabía que toda mujer, comprometida o no, disfruta sentirse observada, siempre y cuando no sea de manera obscena, cosa que él nunca fue. Al final de la noche quedaron en hablar nuevamente, pero no hubo intercambio de números, correos, facebook, twitter, agendas, fluidos, ropa ni nada que se le parezca. Andrés confiaba en que se volverían a ver gracias a Luisa.

Fuente: http://bit.ly/c0l2rl
Un par de meses después había una celebración de los amigos de Andrés y Luisa, y ella invitó a Silvana. A pesar de que la noche siguió su curso normal -licor, música, baile, coqueteo, miradas- él no se imaginó jamás lo que pasaría después. Nunca había conocido a alguien que supiese manejar con tal maestría su sensualidad, alguien que supiera coquetear de manera tan clara y a la vez sutil. Casi que se podría decir que nadie más lo notó. Cada vez que bailaban juntos se sentían los corrientazos, la energía fluía entre ambos de una manera casi mágica. Los acercamientos hacían cortar la respiración de ambos. Y cuando no bailaban se seguían con la mirada... como retándose el uno al otro a no caer en las redes que cada quien tendió. Aún cuando alguno bailaba con otro no dejaban de mirarse. Ella lo miraba como diciéndole "yo no voy a caer en tu jueguito, yo sé que eres un perro". Él le devolvía las miradas con picardía y un "vas a caer. Ya caíste". Y aunque era la segunda vez que se veían todo estaba dicho. Era cuestión de tiempo: sus cuerpos no aguantarían mucho más.

Al finalizar la rumba el grupo decidió seguirla en casa de uno de ellos y allá fueron todos a dar pero fueron cayendo alcoholizados, uno a uno. Todos excepto Silvana y Andrés, que sabían que no fueron a emborracharse, sino todo lo contrario. La física química era latente, la vibra casi que se podía palpar con los dedos. Cuando sólo quedaba un amigo, este estaba sobrio. Así que la solución no era esperar que se durmiera sino despacharlo. Fue Andrés el que le llamó el taxi y lo acompañó a la puerta. "Chao Camilo, no llame cuando llegue, por favor". Cerró la puerta y se dio vuelta inmediatamente. ¡Oh sorpresa! ahí estaba Silvana, a escasos 30 centímetros de él. Muy sigilosa. Y muy oportuna. Prácticamente le leyó la mente a Andrés. Él sin esperar la besó con mucha pasión. Era un beso que estaba esperando por meses. Fue un beso de esos que se dan con todo el cuerpo. No se sabía quién lo había ansiado más.

Después de ese primer largo y apasionado beso se detuvieron y, como sucede en las películas, Silvana arrinconándolo contra la pared empezó a desabotonarle la camisa y le dijo al oído "Andrés, esto es sólo un reconocimiento de cuerpos, ¿ok?". Él sintió morir, no por lo terrible sino porque debía estar en el cielo, con angelito y todo. Esa mujer respiraba sensualidad por cada uno de sus poros. Las cosas siguieron como venían... y ambos se dejaron llevar sin importarles que a pocos metros muchos de sus amigos estaban durmiendo la borrachera. Por el contrario, lo disfrutaron. Fue una noche maravillosa.

***** *****

Siguieron saliendo, se veían con frecuencia, iban a cine, a compartir con amigos, él la recogía en su trabajo, ella a él... en fin, era una relación que avanzaba muy bien. Andrés estaba sinceramente comprometido con Silvana, como hacía rato no le pasaba. Le entusiasmaba la idea de enseriarse, sobretodo porque se entendían muy bien; se la llevaban de maravilla. Pero como suele suceder cuando las cosas son demasiado perfectas, ella empezó a alejarse. Ya no se veían tan seguido, ya ella prefería dormir hasta tarde un domingo. Ya no salían los viernes; ella se iba... "con mis amigas, Andresito. Es que desde hace rato estamos posponiendo esta reunión y ya me da cagada con ellas". Todo eso era cierto, y él nunca lo dudó pero no por eso le era más fácil. Un poco desconcertado Andrés optó por hacer lo mismo y se alejó. Empezó a salir sólo con sus amigos y ya no la invitaba a todo. Si Silvana quería ir, bien, pero si no pues él no iba a dejar de hacerlo. Sensato. 

Fuente: http://bit.ly/caYdE3
Como era de esperarse ella volvió a buscarlo. Las llamadas empezaban con un "Andresiiito, hooola!! ¿Por qué tan perdido, ah? No me volviste a llamar. Cómo te has vuelto de ingrato". Por supuesto el pendejo este cayó. Y se la creyó. Volvió a llamarla cada cierto tiempo para saludar, como para no dejar enfriar las cosas. Ella era un sol: le mandaba SMS cargados de sentimientos, le decía lo bien que se sentía con él. "Andresito, no sé por qué se me pasa tan rápido el tiempo contigo. Hacía mucho yo no duraba tanto en el teléfono. Es que contigo la paso genial". Pasado un tiempo, cuando Andrés sintió que las cosas volvían a tomar buen camino, Silvana cambió de nuevo su comportamiento. Las cosas se enfriaron y Andrés quedó de nuevo sin piso y extrañado.

Una noche de cervezas una buena amiga le dijo a Andrés: "mira, esa vieja lo que es es una cocinera. Ella es la cocinera y tú eres su arrocito en bajo. Ella pone a calentar el arroz pero cuando siente que se está calentando como mucho, pues lo enfría. Y cuando ya está frío, lo pone a tibiar un poco, hasta que llega al punto en que lo vuelve a enfriar. Es simple". Y sí. Tras pensarlo varios días Andrés se dio cuenta que es así, que Silvana sencillamente lo tenía para pasarla rico. De acuerdo, lo quiere, le interesa, pero no tanto como para tener una relación seria. Él era su arrocito en bajo y debía aceptarlo. 

Y lo aceptó, en el mismo instante en que decidió que aprendería a cocinar.

Friday, July 23, 2010

La primera tusa

Por @OmarGamboa
- Todo se paga en esta vida -

Gracias a Santiago -su mejor amigo de la infancia- fue que Andrés conoció a Paola, su primera traga. Y como toda primera vez, dejó recuerdos indelebles.

Paola era prima de unos primos de Santi, por lo que para alguna piñata familiar ella fue. Como era en la casa de Santiago, allá estaban Andrés y el combo completo. Cuando Andrés la vio quedo enamorado. Sí, eso era amor del de verdad. Él estaba seguro porque vio todo en cámara lenta. Vio como esa niña, pequeñita, flaquita, sonriente y encantadora caminaba muuuuy despacio regalo en mano, para dárselo a Dieguito, el hermanito de Santi. Pelo negro, largo y liso. Andrés no lo podía creer, es que era perfecta: 14 años muy bien vividos. Incluso parecía de 15. Andrés se imaginaba recogiéndola en su bicicleta, saliendo a comer helado y jugar maquinitas en las tiendas del barrio. No no no. Estaban hechos el uno para el otro.

Paola era de esas niñas que siempre se juntó con jóvenes mayores que ella, por lo que siempre fue más madura que sus contemporáneas. Donde debía haber muñecas, ella amontonaba cartas de sus muchos enamorados, cofres con collares, maquillaje y toda suerte de cachivaches propios de una adolescente crecidita. Visitar a Paola era soportar que los grandes de 18, de esos que ya se afeitan, llegaran a visitarla y él pasara a segundo plano. Paola salía a atender la visita en la entrada de su casa y Andrés jugando con el french poodle típico de quinceañera con plata. "Pero yo estoy ADENTRO de la casa, ¡JA! Si llueve, él se moja y yo no!". Nunca llovió.

La traga de Andrés era evidente. Esa niña le hizo sacar toda la creatividad de su ser. Fue por ella que él conoció la poesía de Benedetti. Fue por ella que él supo quién es Bécquer. En una ocasión, para su cumpleaños número 15, él dibujó y recortó en cartón las letras de su nombre (del de ella, no el de él, tampoco era tan pendejo) y en cada letra escribió un poema. Hoy en día Andrés agradece que no se llamara Margarita o Uldarica. Es que no tenía plata para tanto cartón paja. Paola quedó matada con ese regalo. Inmediatamente fue a su habitación, despegó un montón de cartas de su primer novio y pegó cada cartón P-A-O-L-A ocupando todo lo ancho de la pared. Andrés caminó orgulloso -bueno, flotó- como por una semana.

Luego de un buen tiempo Andrés no aguantó más. Esa tarde se dijo que Paola sería suya por fin, o moriría en el intento. Todo el parche estuvo de visita por allá, en esa tierra linda y lejana. Paola vivía a unas 40 calles del barrio de Andrés. Al final de la tarde cuando ya se regresaban, Andrés sacó fuerzas que no sabía que tenía y regresó a casa de la niña. Timbró. Paíto salió tan hermosa como siempre y abrió la puerta: "Hola Andresito, ¿qué pasó?" dijo con su sonrisa perfecta. Con toda la valentía que Andrés tenía le dijo "eeeeh... hmmmm... este... pa... pa... hmmmm... " ... "Pao, quiero decirte algo". De alguna manera le confesó su amor. Paola siempre lo miró sonriente y enternecida. "Esta nena es mía" se dijo Andrés. "Aquí fue". "Por fin sabré qué es dar un beso".

Al final de su discurso perfecto, escasamente ensayado unas 17 veces, Paola le respondió "Ay Andresito, tan lindo. Pero... es que tú sabes que yo terminé hace poco con Mario, yo ahorita no quiero nada con nadie". Ouch. Andrés sintió que el corazón se le achicaba. Como que se escondió detrás de los pulmones para no recibir el golpazo. Pero el bendito corazón ese no se ocultó bien porque allá sintió la bofetada.

De todas maneras no fue tan doloroso. Andrés se fue tranquilo sabiendo que era por una buena razón. Ella prefería estar sola y era lógico, luego de terminar con el desgraciado ese de Mario lo más obvio es que ella descansara un tiempo. Pero luego de ese tiempo sería suya. ¡JA!. Bueno... ¿y la tusa?

Pues la tusa vino luego, como a las dos semanas, cuando todo el combo fue a visitar a Paola y Andrés descubrió que ella y Santi eran novios (Es que Santi siempre fue el más popular de todos). ¡¡MALDITA SEA!! ¡¡MALDITAS MUJERES!! ¡NO ME VUELVO A ENAMORAR NUNCA! ¡¡LAS ODIO A TODAS!! -Hasta que conoció a Carito, su primer amor verdadero-. Según Andrés me dijo, luego, cuando él ya era novio de Carolina, vio llorar a Paíto por él, entregándole una cartita como las que él solía escribirle a ella, confesándole que no toleraba verlo junto a Carolina. Típico. Es que todo se paga en esta vida.


Amigos que nos siguen