Friday, February 25, 2011

Me están pensando por K y por K


-Todo hermano se interesa por una hermana, sobretodo si es hermana de otro-

No eran gemelas, pero parecían. Andrés conoció primero a la mayorcita, Katherine, gracias a un amigo de la universidad. No hablaron mucho más hasta que se la encontró de nuevo en una fiesta. Dudó si ir a saludarla, la veía diferente, cambiada. Pensó en decirle algo como "¿qué te hiciste en el pelo? Lo tienes lindo, chévere", pero prefirió quedarse un rato más con su grupo de amigos.

Unos minutos después sintió una mano en su espalda. Cuando se dio vuelta vio a Katherine, igualita, tal como la recordaba de la primera vez. "Hooola Kathe, ¿qué sorpresa, cómo estás? Podría jurar que viniste con otro peinado" -"No, seguro me confundiste con Karina". Tras la cara de perdido de Andrés ella prosiguió "Mi hermana. Ven, te la presento". Lo llevó de la mano cruzando la sala "Kari, mira, te presento a Andrés". Ya no las vio tan igualitas, pero tenían su aire.

Andrés se volvió muy amigo de ambas. Hablaban cada cierto tiempo. Hacía mucho no era amigo de dos hermanas, desde la infancia en el barrio. Todo siguió el curso normal de una nueva amistad, llamadas van, llamadas vienen… ambas le coquetearon y él, soltero en aquel entonces, les correspondía. Para él no pasaba de ser un juego tonto. Nunca pensó engañar a la una con la otra. Además no podría escoger. Hasta el cumpleaños de Daniel (por supuesto Andrés sabía que Kathe y Kari estarían allá). Él no las vio hasta entrada la noche y entrados los tragos. Él estaba hablando con una amiga cuando sintió el mismo toque en su espalda. Giró y vio, no a una, sino a las dos hermanitas. Lindas ambas. "Hola Andresito, ¿qué haces?" -"¡Hooola niñas! Aquí hablando con mi amiga, ¿cómo están? Denme un rato, hablamos ahora, ya les caigo".

Efectivamente, al rato fue donde estaban las hermanas. -"¿Quién era ella, Andresito?", dijo una. "Una vieja amiga, es una bacana", -"¿y por qué te tocaba el brazo?", dijo la otra. "Este… ¿no sé? Ni me había percatado", "Andresito, no me parece, tú sabes que tú eres de nosotras, JAJAJAJA" rieron ambas en coro. Él sólo optó por reír con ellas "jaja, tan lindas las hermanitas".

Más tarde, bailando con Katherine, ella le dice "Andrés, es en serio, tú eres de nosotras. Es más, tú podrías estar con Kari y yo no me pondría celosa". Andrés tragó saliva. No lo podía creer. Por primera vez en su vida una mujer le hacía propuestas y a su vez le daba libertad de estar con otra. Como en un sueño. Al rato alguien vino a bailar con Katherine, así que Andrés fue a hablar con Karina que estaba en un rincón del bar. "Hola Andresito, ¿y entonces? ¿Con quién te vas a quedar?" -"¿Ah?", balbuceó Andrés con cara de idiota. "Sí. ¿Te quedas con Kathe o conmigo? A mí no me darían celos si te viera con ella. Nos gustas a ambas, y no tengo problema con compartir". In-cre-i-ble. Si antes era un sueño… ¡ahora eran dos! De muerte lenta.

Así las cosas, Andrés tomó el mejor camino: los dos caminos. Se tomó el resto de cerveza que tenía y le dio un beso apasionado a Karina. No había nada más qué hacer. O bueno, quizás sí pero no en un bar. Hablaron un rato más hasta que volvió Katherine riéndose y diciendo "Camine pues Andrés que ahora le toca conmigo" y se lo llevó a bailar. Él no supo si ella se refería al beso o a hablar, o a bailar o algo más, pero entre vuelta y vuelta -era un merengue- ella le dio un gran beso y le susurró al oído: "no importa, no tienes que escoger, yo comparto. Si compartimos la ropa, ¿por qué no a ti que eres más divertido?". Sobra decir que esa fiesta fue inolvidable para Andrés. Por primera vez besaba a dos mujeres en una fiesta. Es más, por primera vez besaba a dos hermanas. Prácticamente al tiempo. Aunque no pasó nada más, él llegó a su casa con una sonrisa digna del Guasón.

Los tres siguieron hablando como si nada, con total confianza. Para él era extrañísimo ser "compartido" por ambas y que ninguna le viera problema. Él feliz. Luego de un tiempo Karina le dijo "tenemos que hablar". Ouch, me van a terminar, se dijo él, y se pusieron cita en un café. "Hola Kari, ¿qué pasó? me dejaste preocupado" -"Andresito, Kathe y yo estuvimos hablando y hemos decidido que no podemos seguir así". Sagrado Rostro, hasta aquí me trajo el río. "Kathe está empezando a sentir cosas por ti y ya no le parece divertido que tú y yo salgamos. Como yo no he empezado a sentir nada por ti, prefiero que dejemos así. Sal con ella nada más". Es la primera vez que me medio terminan, pensó él, pero estuvo de acuerdo. "Está bien. Es mejor no jugar con fuego", aunque hacía rato se habían quemado.

Él siguió saliendo con Katherine por un tiempo. El problema es que para él eso empezó como un juego, naturalmente, y no tenía mayores sentimientos por ninguna de las dos. Katherine estaba empezando a involucrarse sentimentalmente más de la cuenta. La cosa no iba muy bien. Él no se sentía comprometido con ella. Incluso pensaba más en Karina ahora que no la tenía. La bendita ley de la vida de desear más lo que no se tiene. Igual, todo terminó cuando sus doblemente suegros decidieron radicarse en otro país.

Andrés nunca me quiso decir a dónde se fueron. Pero cuando se emborracha dice llorando "epa chamo, me quedé sin la hallaca y sin el cocosette".

Tuesday, February 22, 2011

El primer baile

Por @OmarGamboa

Para bailar con Andrés o Carito:


-La primera vez duele-

Era su primera mintieca. Qué emocionante. Las minitecas son los primeros pinitos de todo cachorro humano en la jungla social y Andrés no fue la excepción. Es su primer enfrentamiento con aquella manada de seres exóticos, esos especímenes despiadados que lo harán padecer gran parte de su vida, devanarse los sesos tratando de descifrar ese comportamiento que va más allá de su primitivo pensar.

Como todo adolescente que se respete, Andrés no fue emparejado sino con su grupo de amigos, todos igual de inexperimentados a él. Iban a encontrarse además con el grupo de amigas que conoció dos meses atrás, por supuesto gracias a las habilidades de sus amigos. Él no era tan hábil para conocer en aquel entonces. Pasó varios días pensando nervioso en el tema. Prom de colegio religioso femenino: Dios mío… ¡¡era como estar de safari en Zimbabwe!! El ritual lo hizo completo, tal como lo vio siempre en comerciales: música a todo volumen, afeitarse -algo innecesario a esa edad-, la mejor camisa, el correspondiente chorrito de colonia boy-boy en sus manos para aplicársela en las mejillas. Por favoooorrrr, ¿cuál Brad Pitt?? ¡Ni George Clooney tiene tanto estilo! Dos horas antes de comenzar la fiesta, que de por sí ya era bastante temprano, se encuentra todo el grupo de amigos. "¡Demonios! ¡Todos vieron los mismos comerciales que yo!", pensó Andrés cuando notó que todos olían a lo mismo. 

Aunque todos tenían la misma risa nerviosa, ninguno pensó que se notara. La ansiedad y los primeros esbozos de feromonas asomaban, hasta que por fin apareció el papá de Santi, el mejor amigo de Andrés. La pandilla completa se sube al carro y pasan eternos 20 minutos en su viaje final. ¡¡¡Zimbabwe: Aquí vamos!!! Era como ir en un B52 esperando que se iluminara la luz roja y todos saltaran en sus paracaídas tras el GO-GO-GO del comandante.

Llegó ese momento que parecía tan lejano: 3 de la tarde de sábado, Andrés se baja del carro y mira con desdén la fachada del colegio, como vio que hacen los protagonistas de las películas de acción. Cuando se cerciora que el grupo está completo, empieza a caminar con paso firme -al menos eso creía él- buscando su destino. Algo aturdido por no conocer el terreno, ingresa al majestuoso salón oscuro. Las ventanas estaban cubiertas con bolsas de basura, negras. Sólo se podían ver unas luces fastidiosas de todos colores que le pegan directo en la cara, y unas cuantas siluetas de lo que parecen ser personas. ¡Dios mío! ¡Niñas! Hasta aquí llegó la valentía.

Sintió que todos lo miraban, repasó rápidamente: ¿camisa planchada? bien; ¿pantalón? puesto (¿o es que ustedes nunca soñaron que estaban en medio de un montón de gente y de repente se dan cuenta que no tienen pantalón?); zapatos? claaaaro, los de moda; parece que todo está bien. DIOS: ¿es el jean nuevo? ¿o el que se rompió en el último partido de fútbol improvisado contra los de la cuadra de al lado? Alivio, no hay huecos. ¿Colonia? Obvio, boy-boy, "para los niños de hoy". Esas miradas no podían ser sino de admiración, se dijo Andrés para envalentonarse.

Sus amiguitos ya iban más adelante, Santi encabezando. Carajo, Santi siempre ha sido el más popular entre las niñas, ¿¿por qué siempre se me adelanta??. Con paso veloz Andrés los alcanza, gracias a que se detuvieron revisando el terreno, buscando el mejor lugar para iniciar su cacería: Tierras altas, siempre ha sido la mejor opción. Desde ahí Andrés miró a lado y lado, buscando a Carito y sus amigas. Ella siempre fue la que más le llamó la atención, sobretodo desde aquella vez que jugaron 7-pum y ella ganó. Además de bonita era muy inteligente. Él supo que era el amor de su vida porque la primera vez que la vio sintió que caminaba en cámara lenta. "¡Allá están!" gritó Camilito señalando a un lado del salón, y todos se dirigieron allí. Andrés las saluda a todas de la mano -igualito que se saludan los jugadores de baloncesto antes del partido- dejando a Carito para el final, obviamente. Sintió que las piernas se le doblaban cuando sintió esa mejilla suave en la suya. "¡¡¡NUNCA ME VOY A LAVAR LA CARA!!!" se juró a sí mismo. Era como estar en la puerta del paraíso. Sólo faltaba que San Pedro dejara entrar. La charla nerviosa se dio entre todos, Ricardo, el mayor de todos y el que siempre tenía un chiste a mano, era el que más hablaba. El chiste a mano es porque tenía unos papelitos en que anotaba los chistes. Era medio desmemoriado el pobre. Andrés estaba entre intentar decir algo inteligente y forzarse a no mirar mucho a Carito y delatarse. Lo peor que puede pasarle a un niño de esa edad es que ella sepa que él la quiere. Bueno, que lo sepa ella y que lo sepan sus amiguitas.

Cuando la música empezó, sonaba tan duro que ninguno se escuchaba, pero cuando Ricardo dejaba de gesticular, todos se reían en coro: seguro era algo chistoso. Andrés actuaba mecánicamente, lo único que tenía en mente era bailar con Carito por primera vez. Bueno, bailar con una mujer que no fuera su tía por primera vez. Respiró hondo, la miró muy nervioso, fue hasta allá y le dijo "¿bailamos?"

Continuará. 

Sunday, August 1, 2010

Las cocineras

-Ni tanto que queme al santo... -

¿Quién no ha tenido arrocitos en bajo? ¿Quién no ha sido arrocito en bajo de alguien? Muchos, casi todos. Y Andrés no es la excepción:

Él la conoció por coincidencia, como suele pasar en estos casos. El flechazo fue inmediato aunque no obvio. Cuando su amiga Luisa le dijo "Mira Andrés, ella es Silvana" él se presentó naturalmente: -"Hola Silvana, ¿cómo estás?" le dijo con sonrisa ganadora. Al principio él no le prestó mucha atención, precisamente porque no quería ser muy obvio. Esa noche la situación no pasó del juego de miradas típico dos personas que se gustan. Andrés sabía que toda mujer, comprometida o no, disfruta sentirse observada, siempre y cuando no sea de manera obscena, cosa que él nunca fue. Al final de la noche quedaron en hablar nuevamente, pero no hubo intercambio de números, correos, facebook, twitter, agendas, fluidos, ropa ni nada que se le parezca. Andrés confiaba en que se volverían a ver gracias a Luisa.

Fuente: http://bit.ly/c0l2rl
Un par de meses después había una celebración de los amigos de Andrés y Luisa, y ella invitó a Silvana. A pesar de que la noche siguió su curso normal -licor, música, baile, coqueteo, miradas- él no se imaginó jamás lo que pasaría después. Nunca había conocido a alguien que supiese manejar con tal maestría su sensualidad, alguien que supiera coquetear de manera tan clara y a la vez sutil. Casi que se podría decir que nadie más lo notó. Cada vez que bailaban juntos se sentían los corrientazos, la energía fluía entre ambos de una manera casi mágica. Los acercamientos hacían cortar la respiración de ambos. Y cuando no bailaban se seguían con la mirada... como retándose el uno al otro a no caer en las redes que cada quien tendió. Aún cuando alguno bailaba con otro no dejaban de mirarse. Ella lo miraba como diciéndole "yo no voy a caer en tu jueguito, yo sé que eres un perro". Él le devolvía las miradas con picardía y un "vas a caer. Ya caíste". Y aunque era la segunda vez que se veían todo estaba dicho. Era cuestión de tiempo: sus cuerpos no aguantarían mucho más.

Al finalizar la rumba el grupo decidió seguirla en casa de uno de ellos y allá fueron todos a dar pero fueron cayendo alcoholizados, uno a uno. Todos excepto Silvana y Andrés, que sabían que no fueron a emborracharse, sino todo lo contrario. La física química era latente, la vibra casi que se podía palpar con los dedos. Cuando sólo quedaba un amigo, este estaba sobrio. Así que la solución no era esperar que se durmiera sino despacharlo. Fue Andrés el que le llamó el taxi y lo acompañó a la puerta. "Chao Camilo, no llame cuando llegue, por favor". Cerró la puerta y se dio vuelta inmediatamente. ¡Oh sorpresa! ahí estaba Silvana, a escasos 30 centímetros de él. Muy sigilosa. Y muy oportuna. Prácticamente le leyó la mente a Andrés. Él sin esperar la besó con mucha pasión. Era un beso que estaba esperando por meses. Fue un beso de esos que se dan con todo el cuerpo. No se sabía quién lo había ansiado más.

Después de ese primer largo y apasionado beso se detuvieron y, como sucede en las películas, Silvana arrinconándolo contra la pared empezó a desabotonarle la camisa y le dijo al oído "Andrés, esto es sólo un reconocimiento de cuerpos, ¿ok?". Él sintió morir, no por lo terrible sino porque debía estar en el cielo, con angelito y todo. Esa mujer respiraba sensualidad por cada uno de sus poros. Las cosas siguieron como venían... y ambos se dejaron llevar sin importarles que a pocos metros muchos de sus amigos estaban durmiendo la borrachera. Por el contrario, lo disfrutaron. Fue una noche maravillosa.

***** *****

Siguieron saliendo, se veían con frecuencia, iban a cine, a compartir con amigos, él la recogía en su trabajo, ella a él... en fin, era una relación que avanzaba muy bien. Andrés estaba sinceramente comprometido con Silvana, como hacía rato no le pasaba. Le entusiasmaba la idea de enseriarse, sobretodo porque se entendían muy bien; se la llevaban de maravilla. Pero como suele suceder cuando las cosas son demasiado perfectas, ella empezó a alejarse. Ya no se veían tan seguido, ya ella prefería dormir hasta tarde un domingo. Ya no salían los viernes; ella se iba... "con mis amigas, Andresito. Es que desde hace rato estamos posponiendo esta reunión y ya me da cagada con ellas". Todo eso era cierto, y él nunca lo dudó pero no por eso le era más fácil. Un poco desconcertado Andrés optó por hacer lo mismo y se alejó. Empezó a salir sólo con sus amigos y ya no la invitaba a todo. Si Silvana quería ir, bien, pero si no pues él no iba a dejar de hacerlo. Sensato. 

Fuente: http://bit.ly/caYdE3
Como era de esperarse ella volvió a buscarlo. Las llamadas empezaban con un "Andresiiito, hooola!! ¿Por qué tan perdido, ah? No me volviste a llamar. Cómo te has vuelto de ingrato". Por supuesto el pendejo este cayó. Y se la creyó. Volvió a llamarla cada cierto tiempo para saludar, como para no dejar enfriar las cosas. Ella era un sol: le mandaba SMS cargados de sentimientos, le decía lo bien que se sentía con él. "Andresito, no sé por qué se me pasa tan rápido el tiempo contigo. Hacía mucho yo no duraba tanto en el teléfono. Es que contigo la paso genial". Pasado un tiempo, cuando Andrés sintió que las cosas volvían a tomar buen camino, Silvana cambió de nuevo su comportamiento. Las cosas se enfriaron y Andrés quedó de nuevo sin piso y extrañado.

Una noche de cervezas una buena amiga le dijo a Andrés: "mira, esa vieja lo que es es una cocinera. Ella es la cocinera y tú eres su arrocito en bajo. Ella pone a calentar el arroz pero cuando siente que se está calentando como mucho, pues lo enfría. Y cuando ya está frío, lo pone a tibiar un poco, hasta que llega al punto en que lo vuelve a enfriar. Es simple". Y sí. Tras pensarlo varios días Andrés se dio cuenta que es así, que Silvana sencillamente lo tenía para pasarla rico. De acuerdo, lo quiere, le interesa, pero no tanto como para tener una relación seria. Él era su arrocito en bajo y debía aceptarlo. 

Y lo aceptó, en el mismo instante en que decidió que aprendería a cocinar.

Friday, July 23, 2010

La primera tusa

Por @OmarGamboa
- Todo se paga en esta vida -

Gracias a Santiago -su mejor amigo de la infancia- fue que Andrés conoció a Paola, su primera traga. Y como toda primera vez, dejó recuerdos indelebles.

Paola era prima de unos primos de Santi, por lo que para alguna piñata familiar ella fue. Como era en la casa de Santiago, allá estaban Andrés y el combo completo. Cuando Andrés la vio quedo enamorado. Sí, eso era amor del de verdad. Él estaba seguro porque vio todo en cámara lenta. Vio como esa niña, pequeñita, flaquita, sonriente y encantadora caminaba muuuuy despacio regalo en mano, para dárselo a Dieguito, el hermanito de Santi. Pelo negro, largo y liso. Andrés no lo podía creer, es que era perfecta: 14 años muy bien vividos. Incluso parecía de 15. Andrés se imaginaba recogiéndola en su bicicleta, saliendo a comer helado y jugar maquinitas en las tiendas del barrio. No no no. Estaban hechos el uno para el otro.

Paola era de esas niñas que siempre se juntó con jóvenes mayores que ella, por lo que siempre fue más madura que sus contemporáneas. Donde debía haber muñecas, ella amontonaba cartas de sus muchos enamorados, cofres con collares, maquillaje y toda suerte de cachivaches propios de una adolescente crecidita. Visitar a Paola era soportar que los grandes de 18, de esos que ya se afeitan, llegaran a visitarla y él pasara a segundo plano. Paola salía a atender la visita en la entrada de su casa y Andrés jugando con el french poodle típico de quinceañera con plata. "Pero yo estoy ADENTRO de la casa, ¡JA! Si llueve, él se moja y yo no!". Nunca llovió.

La traga de Andrés era evidente. Esa niña le hizo sacar toda la creatividad de su ser. Fue por ella que él conoció la poesía de Benedetti. Fue por ella que él supo quién es Bécquer. En una ocasión, para su cumpleaños número 15, él dibujó y recortó en cartón las letras de su nombre (del de ella, no el de él, tampoco era tan pendejo) y en cada letra escribió un poema. Hoy en día Andrés agradece que no se llamara Margarita o Uldarica. Es que no tenía plata para tanto cartón paja. Paola quedó matada con ese regalo. Inmediatamente fue a su habitación, despegó un montón de cartas de su primer novio y pegó cada cartón P-A-O-L-A ocupando todo lo ancho de la pared. Andrés caminó orgulloso -bueno, flotó- como por una semana.

Luego de un buen tiempo Andrés no aguantó más. Esa tarde se dijo que Paola sería suya por fin, o moriría en el intento. Todo el parche estuvo de visita por allá, en esa tierra linda y lejana. Paola vivía a unas 40 calles del barrio de Andrés. Al final de la tarde cuando ya se regresaban, Andrés sacó fuerzas que no sabía que tenía y regresó a casa de la niña. Timbró. Paíto salió tan hermosa como siempre y abrió la puerta: "Hola Andresito, ¿qué pasó?" dijo con su sonrisa perfecta. Con toda la valentía que Andrés tenía le dijo "eeeeh... hmmmm... este... pa... pa... hmmmm... " ... "Pao, quiero decirte algo". De alguna manera le confesó su amor. Paola siempre lo miró sonriente y enternecida. "Esta nena es mía" se dijo Andrés. "Aquí fue". "Por fin sabré qué es dar un beso".

Al final de su discurso perfecto, escasamente ensayado unas 17 veces, Paola le respondió "Ay Andresito, tan lindo. Pero... es que tú sabes que yo terminé hace poco con Mario, yo ahorita no quiero nada con nadie". Ouch. Andrés sintió que el corazón se le achicaba. Como que se escondió detrás de los pulmones para no recibir el golpazo. Pero el bendito corazón ese no se ocultó bien porque allá sintió la bofetada.

De todas maneras no fue tan doloroso. Andrés se fue tranquilo sabiendo que era por una buena razón. Ella prefería estar sola y era lógico, luego de terminar con el desgraciado ese de Mario lo más obvio es que ella descansara un tiempo. Pero luego de ese tiempo sería suya. ¡JA!. Bueno... ¿y la tusa?

Pues la tusa vino luego, como a las dos semanas, cuando todo el combo fue a visitar a Paola y Andrés descubrió que ella y Santi eran novios (Es que Santi siempre fue el más popular de todos). ¡¡MALDITA SEA!! ¡¡MALDITAS MUJERES!! ¡NO ME VUELVO A ENAMORAR NUNCA! ¡¡LAS ODIO A TODAS!! -Hasta que conoció a Carito, su primer amor verdadero-. Según Andrés me dijo, luego, cuando él ya era novio de Carolina, vio llorar a Paíto por él, entregándole una cartita como las que él solía escribirle a ella, confesándole que no toleraba verlo junto a Carolina. Típico. Es que todo se paga en esta vida.


Monday, July 19, 2010

Los Romances de 10 minutos

Si me enamoro en un día, me desenamoraré… para tener la alegría de enamorarme otra vez… ♪

Otra categoría de mujer que podemos encontrar, es aquella que podemos ver  en algún medio de transporte, en la fila de un banco o incluso en algún bar. Es esa mujer que de entrada nos parece sensacional, que fácilmente puede ser la mamá de nuestros hijos, pero con la que siempre nos vemos en una situación como la siguiente:

Andrés va por el pasillo del avión, rumbo a la silla 17K, en un vuelo corto de aproximadamente 30 minutos. Mientras espera que varios de los pasajeros ubiquen el equipaje de mano en los compartimientos, observa detenidamente a una bella joven, de no más de 24 años, rubia, ojos claros que cruza su mirada con él, por cuestión de unos varios segundos.

- Con ésta me caso!  - se dice a sí mismo.

Seguidamente, continúa su paso hacia su asiento, no sin antes pasar por el lado de aquella hermosa dama, observándola y ella sin prejuicios, le entrega una linda sonrisa. Andrés continúa decididamente hacia su silla, pensando seriamente en cómo puede intentar conocer a esta señorita. Una vez en su asiento, no tiene cabeza para pensar otra cosa que no sea la chica de unas cuántas filas adelante. Se imagina hablando con ella, tomándose un café en cuanto termine su vuelo. Sin embargo, está devanándose los sesos pensando en cómo abordarla:

- Y si le pregunto la hora? – No, el celular tiene reloj. Qué cursi!
- Cómo te llamas? – No, muy directo.
- Qué tal el clima? – Loooooser.

Entre tanto y tanto empieza el vuelo y aún no encuentra la respuesta acerca de cómo abordarla. Mientras empieza el servicio a bordo, intenta mirar hacia adelante, para ubicar donde está su “próxima novia” y empezar a notar sus gustos. – Tal vez prefiera café que jugo… - Se pregunta a sí mismo. Alza su cabeza tratando de no ser observado y sin embargo, no alcanza a determinar cuáles son las preferencias de su dulce doncella.

Una vez está finalizando el viaje, empieza a sudar frío, porque está dejando que todo fluya. El avión ya se encuentra en tierra y la gente se levanta para recoger su equipaje de mano, mientras que Andrés intenta ubicar al nuevo amor de su vida.

Cuando empiezan a bajarse del avión, Andrés pierde el contacto visual… y una vez en tierra, empieza a mirar en todas las direcciones posibles, por donde pudo haberse ido. Finalmente después de unos 5 minutos de caminar rápidamente por el aeropuerto, la ve en la salida, dándose un tremendo beso con un tipo fornido y bien parecido. De repente se vuelve y cruza nuevamente mirada con el pobre Andrés y ella le sonríe, haciendo un gesto de despedida. Él se queda pasmado ante esta penosa situación, con sus mejillas sonrojadas y una inesperada sonrisa 

Wednesday, June 16, 2010

La Cuchi-Barbie (segunda parte)

Por @OmarGamboa

- Más sabe la diabla por vieja que por diabla -

(Aquí la primera parte)



Llegó ella muy cumplida en su carro negro y lo recogió. Él no sabía cómo saludarla pero Verónica le evitó el lío dándole sendos besos, que de nuevo le quitó el habla a Andrés. Ahí fue cuando él notó que la faldita que llevaba era bastante corta y que esas piernas se veían muy bien mientras ella conducía. No parecían piernas de una mujer tan madura como Verónica. Ella conocía muy bien a los hombres y sabía mil maneras para seducir, sin lugar a dudas. De camino Verónica le dijo "ven, pasemos por allí por Carulla y compramos algunas cositas". "Claro, el guaro, los paquetes de papas, los chicles... lo de siempre", pensó Andrés. Estando en Carulla ella se desvió y fue por queso, vino... y en la caja tomó condones y mentas. Andrés estaba fascinado.

En el carro él no podía apartar la mirada de las piernas de Verónica y ella lo sabía, porque cada vez lo provocaba más. Él no sabía para dónde iban, pero lo fue descifrando cuando notó que no era para el apartamento de ella. Terminaron entrando a uno de los moteles con mejor 'nombre' de la ciudad. Cuando vio el nerviosismo de Andrés, ella le dijo "fresco, yo pago". Entraron y Andrés vio todo muy diferente. En este la cama se veía hasta bonita. Había jacuzzi y sauna. "No, no, no. Esto es otro mundo". Seguramente Verónica ya había ido porque sabía exactamente cómo utilizar cada cosa. Cómo encender el sauna, el jacuzzi... mientras que Andrés sólo le atinó al On/Off del equipo de sonido. Ella magistralmente se quitó toda la ropa y le empezó a quitar una a una las de Andrés. Eso era como un sueño para él. Sentía por primera vez que se lo iban a comer, y no al contrario. Después de dejarlo completamente desnudo, lo tomó de la mano y lo llevó al jacuzzi, que había puesto a llenar previamente. Tomó un par de frasquitos y los desocupó en el agua. "Son las sales para la espuma, Andresito".

Entraron al agua y ella tomó el control de la situación. Literalmente. Al poco rato ella salió de allí, cubierta únicamente de espuma... escultural. Volvió con la botella de vino y dos copas, que empezaron a beber. De nuevo en la tina, fue donde Andrés aprendió para qué son las dichosas salesitas esas. Allí fue donde ella le explicó que los grifos no son sólo para sacar agua y que el chorro, las burbujas del jacuzzi, no es sólo para la espalda. Mucha información nueva para tan poco tiempo, pero Andrés supo desenvolverse satisfactoriamente. Ahí descubrió para qué eran las mentas heladas. No para después del queso, no. Sino para refrescar otros lugares de sus anatomías. Además entendió por qué no podía ser cualquier menta. Desde ahí él las adora. A las mentas y a las cuchi barbies.

Después de una larga y extenuante jornada, decidieron salir de la tina y relajarse en el sauna. Bueno, relajarse es un decir porque Andrés, que nunca había estado en un sauna, sentía que no tenía aire y que se le quemaba hasta el culo. Literalmente. No se imaginaba teniendo sexo en condiciones tan extremas, como Verónica insinuó. Andrés regresó a la habitación, a tomar aire y a esperar a Verónica. Por supuesto cuando ella llegó, sació su insatisfecha necesidad. Y la volvió a saciar. Y la volvió a saciar. Andrés llegó a las 7 de la mañana a su casa, extenuado pero con una risita pendeja que le duró un buen rato.

Al buen tiempo se volvieron a ver, esta vez en el apartamento de ella. En esta ocasión ella le mostró su "kit especial": un maletincito pequeño en el que tenía toda suerte de cremas, cremitas, esponjas, juguetes, esencias y aceites -chicles, mentas, maní, caramelo-. Andrés aprendió en dos noches más que en el resto de su vida. Fue un curso intensivo de kamasutra y accesorios. Al parecer lo pasó con honores porque ella lo siguió llamando. 

Como era de esperarse la vida siguió su rumbo y él volvió a salir con las amigas de su edad, sus compañeras de clase. Aprovechó para enseñarles algunos de sus nuevos 'trucos'. Lo que a él no le gustó fue que ella después re apareció y le hizo reclamos a Andrés por perdido. Le hizo escenas de celos, le reclamó el tiempo invertido, y que ella le tenía copia de las llaves de su apartamento, que el cepillo de dientes y demás. Ahí él entendió por qué Verónica no tenía pareja. Al principio él se disgustó y se apartó. Pero con el tiempo fue entendiendo. No era sólo sexo. Es que las viejitas también tienen su corazoncito.

Wednesday, June 9, 2010

La Cuchi-Barbie

- Más sabe el diablo... -

No se veían hace mucho rato. Se encontraron en una fiesta familiar. Ella es amiga de la familia así que conoce a Andrés desde que era un niño. La diferencia de edades no es tan grande pero sí lo suficiente como para que a él jamás se le pasara tener algo con ella. Cuando era niño la veía llegar de visita a la casa mientras él jugaba con sus amiguitos.

La fiesta era formal, todos vestidos elegantemente. Ya habían pasado los suficientes años como para que Andrés le causara a ella malos pensamientos pero no tantos como para que ella no a él. Ella le dijo algo como "Hola Andresito ¿cómo estás? Tú siempre tan churrito, ¿no?". Ella siempre fue coqueta con él, pero para Andrés no pasaba de ser un juego inocente, hasta esa noche. Él le respondió "Huy Verónica, qué bien se te ve ese vestido largo. Aunque lástima lo largo" -"No, largo me gusta más" respondió Verónica con mirada muy pícara y tono aún peor. Obvio, Andrés sintió un escalofrío por todo el cuerpo. La charla continuó, con algunos indirectazos disimulados. No se podía avanzar mucho más puesto que estaba toda la familia presente. Verónica empezó a hablar de sexo sin preocuparse, dándole consejos a otro de los presentes, pero sin dejar de mirar a Andrés de manera provocadora. Ni hablar de cuando sirvieron el postre. Andrés sólo pensaba que la 'señora' no sólo usaba bien la lengua para hablar. La noche se le hizo muy corta a Andrés. Ojalá hubiese sido tan larga como la falda de Verónica. Hay que decir que ella, aunque estaba entrada en años, se veía muy bien, figura delgada, no muy voluptuosa, pero para nada como cualquier otra mujer de su edad, muy bonita, por lo que Andrés no entendía por qué nunca se casó. Tampoco le conocía novio. Al menos no lo llevó a la fiesta.

Al finalizar la fiesta intercambiaron teléfonos con la promesa de salir algún día "a cine, o a tomar café, Andresito. Me llamas y listo". Él la acompañó al carro y, con su complicidad, ella le dio el beso que sólo una mujer de esa edad sabe dar. En cinco segundos de beso lo transportó mentalmente a la habitación de Verónica, desordenaron todo... fue y volvió. Necesitó un par de segundos más para recuperarse y asimilar ese huracán que le acababa de pasar por encima sin despeinarlo -mucho-.
Dejó que ella se fuera para quitarse la cara de tarado y entrar a la fiesta "como si nada". Esa noche cuando se acostó él se dijo "marica, voy a coronar cuchi-barbie".

Pasó el tiempo y por fin él se decidió a llamarla. No quería pasar por el niñito intenso. Además pasó mucho tiempo pensando en qué plan armar: aquí la invitación a helado no cabía. Tampoco el plan de cervezas en los bares de la universidad, que eran los únicos que conocía. Él no se atrevería a llevarla allá con todos sus amigos merodeando para morbosearle la vieja o gritarle 'asalta-tumbas' a Andrés. Así que optó por reconocer su inexperiencia con mujeres mayores y sincerarse con ella: "Vero, no sé a qué invitarte, tú decides". Ella se rió sonoramente y le dijo "fresco Andresito que yo no me pongo con pendejadas. Yo sé qué es lo que quiero de ti. Dime en dónde te recojo a las 9 de la noche y yo te armo el plan". Luego de que él cerrara la boca acordaron lugar.

Andrés no lo podía creer: una mujer en toda la expresión lo iba a recoger, él se subiría y se dispondría a pasar una noche que perfectamente podría pasar a la historia. Sería una noche apoteósica. ¡¡ No iba a comer hamburguesa sino langosta !! La locura. Se puso la mejor pinta que encontró y se fue a cumplir la cita.
Continuará... ?

Amigos que nos siguen