Sunday, August 1, 2010

Las cocineras

-Ni tanto que queme al santo... -

¿Quién no ha tenido arrocitos en bajo? ¿Quién no ha sido arrocito en bajo de alguien? Muchos, casi todos. Y Andrés no es la excepción:

Él la conoció por coincidencia, como suele pasar en estos casos. El flechazo fue inmediato aunque no obvio. Cuando su amiga Luisa le dijo "Mira Andrés, ella es Silvana" él se presentó naturalmente: -"Hola Silvana, ¿cómo estás?" le dijo con sonrisa ganadora. Al principio él no le prestó mucha atención, precisamente porque no quería ser muy obvio. Esa noche la situación no pasó del juego de miradas típico dos personas que se gustan. Andrés sabía que toda mujer, comprometida o no, disfruta sentirse observada, siempre y cuando no sea de manera obscena, cosa que él nunca fue. Al final de la noche quedaron en hablar nuevamente, pero no hubo intercambio de números, correos, facebook, twitter, agendas, fluidos, ropa ni nada que se le parezca. Andrés confiaba en que se volverían a ver gracias a Luisa.

Fuente: http://bit.ly/c0l2rl
Un par de meses después había una celebración de los amigos de Andrés y Luisa, y ella invitó a Silvana. A pesar de que la noche siguió su curso normal -licor, música, baile, coqueteo, miradas- él no se imaginó jamás lo que pasaría después. Nunca había conocido a alguien que supiese manejar con tal maestría su sensualidad, alguien que supiera coquetear de manera tan clara y a la vez sutil. Casi que se podría decir que nadie más lo notó. Cada vez que bailaban juntos se sentían los corrientazos, la energía fluía entre ambos de una manera casi mágica. Los acercamientos hacían cortar la respiración de ambos. Y cuando no bailaban se seguían con la mirada... como retándose el uno al otro a no caer en las redes que cada quien tendió. Aún cuando alguno bailaba con otro no dejaban de mirarse. Ella lo miraba como diciéndole "yo no voy a caer en tu jueguito, yo sé que eres un perro". Él le devolvía las miradas con picardía y un "vas a caer. Ya caíste". Y aunque era la segunda vez que se veían todo estaba dicho. Era cuestión de tiempo: sus cuerpos no aguantarían mucho más.

Al finalizar la rumba el grupo decidió seguirla en casa de uno de ellos y allá fueron todos a dar pero fueron cayendo alcoholizados, uno a uno. Todos excepto Silvana y Andrés, que sabían que no fueron a emborracharse, sino todo lo contrario. La física química era latente, la vibra casi que se podía palpar con los dedos. Cuando sólo quedaba un amigo, este estaba sobrio. Así que la solución no era esperar que se durmiera sino despacharlo. Fue Andrés el que le llamó el taxi y lo acompañó a la puerta. "Chao Camilo, no llame cuando llegue, por favor". Cerró la puerta y se dio vuelta inmediatamente. ¡Oh sorpresa! ahí estaba Silvana, a escasos 30 centímetros de él. Muy sigilosa. Y muy oportuna. Prácticamente le leyó la mente a Andrés. Él sin esperar la besó con mucha pasión. Era un beso que estaba esperando por meses. Fue un beso de esos que se dan con todo el cuerpo. No se sabía quién lo había ansiado más.

Después de ese primer largo y apasionado beso se detuvieron y, como sucede en las películas, Silvana arrinconándolo contra la pared empezó a desabotonarle la camisa y le dijo al oído "Andrés, esto es sólo un reconocimiento de cuerpos, ¿ok?". Él sintió morir, no por lo terrible sino porque debía estar en el cielo, con angelito y todo. Esa mujer respiraba sensualidad por cada uno de sus poros. Las cosas siguieron como venían... y ambos se dejaron llevar sin importarles que a pocos metros muchos de sus amigos estaban durmiendo la borrachera. Por el contrario, lo disfrutaron. Fue una noche maravillosa.

***** *****

Siguieron saliendo, se veían con frecuencia, iban a cine, a compartir con amigos, él la recogía en su trabajo, ella a él... en fin, era una relación que avanzaba muy bien. Andrés estaba sinceramente comprometido con Silvana, como hacía rato no le pasaba. Le entusiasmaba la idea de enseriarse, sobretodo porque se entendían muy bien; se la llevaban de maravilla. Pero como suele suceder cuando las cosas son demasiado perfectas, ella empezó a alejarse. Ya no se veían tan seguido, ya ella prefería dormir hasta tarde un domingo. Ya no salían los viernes; ella se iba... "con mis amigas, Andresito. Es que desde hace rato estamos posponiendo esta reunión y ya me da cagada con ellas". Todo eso era cierto, y él nunca lo dudó pero no por eso le era más fácil. Un poco desconcertado Andrés optó por hacer lo mismo y se alejó. Empezó a salir sólo con sus amigos y ya no la invitaba a todo. Si Silvana quería ir, bien, pero si no pues él no iba a dejar de hacerlo. Sensato. 

Fuente: http://bit.ly/caYdE3
Como era de esperarse ella volvió a buscarlo. Las llamadas empezaban con un "Andresiiito, hooola!! ¿Por qué tan perdido, ah? No me volviste a llamar. Cómo te has vuelto de ingrato". Por supuesto el pendejo este cayó. Y se la creyó. Volvió a llamarla cada cierto tiempo para saludar, como para no dejar enfriar las cosas. Ella era un sol: le mandaba SMS cargados de sentimientos, le decía lo bien que se sentía con él. "Andresito, no sé por qué se me pasa tan rápido el tiempo contigo. Hacía mucho yo no duraba tanto en el teléfono. Es que contigo la paso genial". Pasado un tiempo, cuando Andrés sintió que las cosas volvían a tomar buen camino, Silvana cambió de nuevo su comportamiento. Las cosas se enfriaron y Andrés quedó de nuevo sin piso y extrañado.

Una noche de cervezas una buena amiga le dijo a Andrés: "mira, esa vieja lo que es es una cocinera. Ella es la cocinera y tú eres su arrocito en bajo. Ella pone a calentar el arroz pero cuando siente que se está calentando como mucho, pues lo enfría. Y cuando ya está frío, lo pone a tibiar un poco, hasta que llega al punto en que lo vuelve a enfriar. Es simple". Y sí. Tras pensarlo varios días Andrés se dio cuenta que es así, que Silvana sencillamente lo tenía para pasarla rico. De acuerdo, lo quiere, le interesa, pero no tanto como para tener una relación seria. Él era su arrocito en bajo y debía aceptarlo. 

Y lo aceptó, en el mismo instante en que decidió que aprendería a cocinar.

Friday, July 23, 2010

La primera tusa

Por @OmarGamboa
- Todo se paga en esta vida -

Gracias a Santiago -su mejor amigo de la infancia- fue que Andrés conoció a Paola, su primera traga. Y como toda primera vez, dejó recuerdos indelebles.

Paola era prima de unos primos de Santi, por lo que para alguna piñata familiar ella fue. Como era en la casa de Santiago, allá estaban Andrés y el combo completo. Cuando Andrés la vio quedo enamorado. Sí, eso era amor del de verdad. Él estaba seguro porque vio todo en cámara lenta. Vio como esa niña, pequeñita, flaquita, sonriente y encantadora caminaba muuuuy despacio regalo en mano, para dárselo a Dieguito, el hermanito de Santi. Pelo negro, largo y liso. Andrés no lo podía creer, es que era perfecta: 14 años muy bien vividos. Incluso parecía de 15. Andrés se imaginaba recogiéndola en su bicicleta, saliendo a comer helado y jugar maquinitas en las tiendas del barrio. No no no. Estaban hechos el uno para el otro.

Paola era de esas niñas que siempre se juntó con jóvenes mayores que ella, por lo que siempre fue más madura que sus contemporáneas. Donde debía haber muñecas, ella amontonaba cartas de sus muchos enamorados, cofres con collares, maquillaje y toda suerte de cachivaches propios de una adolescente crecidita. Visitar a Paola era soportar que los grandes de 18, de esos que ya se afeitan, llegaran a visitarla y él pasara a segundo plano. Paola salía a atender la visita en la entrada de su casa y Andrés jugando con el french poodle típico de quinceañera con plata. "Pero yo estoy ADENTRO de la casa, ¡JA! Si llueve, él se moja y yo no!". Nunca llovió.

La traga de Andrés era evidente. Esa niña le hizo sacar toda la creatividad de su ser. Fue por ella que él conoció la poesía de Benedetti. Fue por ella que él supo quién es Bécquer. En una ocasión, para su cumpleaños número 15, él dibujó y recortó en cartón las letras de su nombre (del de ella, no el de él, tampoco era tan pendejo) y en cada letra escribió un poema. Hoy en día Andrés agradece que no se llamara Margarita o Uldarica. Es que no tenía plata para tanto cartón paja. Paola quedó matada con ese regalo. Inmediatamente fue a su habitación, despegó un montón de cartas de su primer novio y pegó cada cartón P-A-O-L-A ocupando todo lo ancho de la pared. Andrés caminó orgulloso -bueno, flotó- como por una semana.

Luego de un buen tiempo Andrés no aguantó más. Esa tarde se dijo que Paola sería suya por fin, o moriría en el intento. Todo el parche estuvo de visita por allá, en esa tierra linda y lejana. Paola vivía a unas 40 calles del barrio de Andrés. Al final de la tarde cuando ya se regresaban, Andrés sacó fuerzas que no sabía que tenía y regresó a casa de la niña. Timbró. Paíto salió tan hermosa como siempre y abrió la puerta: "Hola Andresito, ¿qué pasó?" dijo con su sonrisa perfecta. Con toda la valentía que Andrés tenía le dijo "eeeeh... hmmmm... este... pa... pa... hmmmm... " ... "Pao, quiero decirte algo". De alguna manera le confesó su amor. Paola siempre lo miró sonriente y enternecida. "Esta nena es mía" se dijo Andrés. "Aquí fue". "Por fin sabré qué es dar un beso".

Al final de su discurso perfecto, escasamente ensayado unas 17 veces, Paola le respondió "Ay Andresito, tan lindo. Pero... es que tú sabes que yo terminé hace poco con Mario, yo ahorita no quiero nada con nadie". Ouch. Andrés sintió que el corazón se le achicaba. Como que se escondió detrás de los pulmones para no recibir el golpazo. Pero el bendito corazón ese no se ocultó bien porque allá sintió la bofetada.

De todas maneras no fue tan doloroso. Andrés se fue tranquilo sabiendo que era por una buena razón. Ella prefería estar sola y era lógico, luego de terminar con el desgraciado ese de Mario lo más obvio es que ella descansara un tiempo. Pero luego de ese tiempo sería suya. ¡JA!. Bueno... ¿y la tusa?

Pues la tusa vino luego, como a las dos semanas, cuando todo el combo fue a visitar a Paola y Andrés descubrió que ella y Santi eran novios (Es que Santi siempre fue el más popular de todos). ¡¡MALDITA SEA!! ¡¡MALDITAS MUJERES!! ¡NO ME VUELVO A ENAMORAR NUNCA! ¡¡LAS ODIO A TODAS!! -Hasta que conoció a Carito, su primer amor verdadero-. Según Andrés me dijo, luego, cuando él ya era novio de Carolina, vio llorar a Paíto por él, entregándole una cartita como las que él solía escribirle a ella, confesándole que no toleraba verlo junto a Carolina. Típico. Es que todo se paga en esta vida.


Monday, July 19, 2010

Los Romances de 10 minutos

Si me enamoro en un día, me desenamoraré… para tener la alegría de enamorarme otra vez… ♪

Otra categoría de mujer que podemos encontrar, es aquella que podemos ver  en algún medio de transporte, en la fila de un banco o incluso en algún bar. Es esa mujer que de entrada nos parece sensacional, que fácilmente puede ser la mamá de nuestros hijos, pero con la que siempre nos vemos en una situación como la siguiente:

Andrés va por el pasillo del avión, rumbo a la silla 17K, en un vuelo corto de aproximadamente 30 minutos. Mientras espera que varios de los pasajeros ubiquen el equipaje de mano en los compartimientos, observa detenidamente a una bella joven, de no más de 24 años, rubia, ojos claros que cruza su mirada con él, por cuestión de unos varios segundos.

- Con ésta me caso!  - se dice a sí mismo.

Seguidamente, continúa su paso hacia su asiento, no sin antes pasar por el lado de aquella hermosa dama, observándola y ella sin prejuicios, le entrega una linda sonrisa. Andrés continúa decididamente hacia su silla, pensando seriamente en cómo puede intentar conocer a esta señorita. Una vez en su asiento, no tiene cabeza para pensar otra cosa que no sea la chica de unas cuántas filas adelante. Se imagina hablando con ella, tomándose un café en cuanto termine su vuelo. Sin embargo, está devanándose los sesos pensando en cómo abordarla:

- Y si le pregunto la hora? – No, el celular tiene reloj. Qué cursi!
- Cómo te llamas? – No, muy directo.
- Qué tal el clima? – Loooooser.

Entre tanto y tanto empieza el vuelo y aún no encuentra la respuesta acerca de cómo abordarla. Mientras empieza el servicio a bordo, intenta mirar hacia adelante, para ubicar donde está su “próxima novia” y empezar a notar sus gustos. – Tal vez prefiera café que jugo… - Se pregunta a sí mismo. Alza su cabeza tratando de no ser observado y sin embargo, no alcanza a determinar cuáles son las preferencias de su dulce doncella.

Una vez está finalizando el viaje, empieza a sudar frío, porque está dejando que todo fluya. El avión ya se encuentra en tierra y la gente se levanta para recoger su equipaje de mano, mientras que Andrés intenta ubicar al nuevo amor de su vida.

Cuando empiezan a bajarse del avión, Andrés pierde el contacto visual… y una vez en tierra, empieza a mirar en todas las direcciones posibles, por donde pudo haberse ido. Finalmente después de unos 5 minutos de caminar rápidamente por el aeropuerto, la ve en la salida, dándose un tremendo beso con un tipo fornido y bien parecido. De repente se vuelve y cruza nuevamente mirada con el pobre Andrés y ella le sonríe, haciendo un gesto de despedida. Él se queda pasmado ante esta penosa situación, con sus mejillas sonrojadas y una inesperada sonrisa 

Wednesday, June 16, 2010

La Cuchi-Barbie (segunda parte)

Por @OmarGamboa

- Más sabe la diabla por vieja que por diabla -

(Aquí la primera parte)



Llegó ella muy cumplida en su carro negro y lo recogió. Él no sabía cómo saludarla pero Verónica le evitó el lío dándole sendos besos, que de nuevo le quitó el habla a Andrés. Ahí fue cuando él notó que la faldita que llevaba era bastante corta y que esas piernas se veían muy bien mientras ella conducía. No parecían piernas de una mujer tan madura como Verónica. Ella conocía muy bien a los hombres y sabía mil maneras para seducir, sin lugar a dudas. De camino Verónica le dijo "ven, pasemos por allí por Carulla y compramos algunas cositas". "Claro, el guaro, los paquetes de papas, los chicles... lo de siempre", pensó Andrés. Estando en Carulla ella se desvió y fue por queso, vino... y en la caja tomó condones y mentas. Andrés estaba fascinado.

En el carro él no podía apartar la mirada de las piernas de Verónica y ella lo sabía, porque cada vez lo provocaba más. Él no sabía para dónde iban, pero lo fue descifrando cuando notó que no era para el apartamento de ella. Terminaron entrando a uno de los moteles con mejor 'nombre' de la ciudad. Cuando vio el nerviosismo de Andrés, ella le dijo "fresco, yo pago". Entraron y Andrés vio todo muy diferente. En este la cama se veía hasta bonita. Había jacuzzi y sauna. "No, no, no. Esto es otro mundo". Seguramente Verónica ya había ido porque sabía exactamente cómo utilizar cada cosa. Cómo encender el sauna, el jacuzzi... mientras que Andrés sólo le atinó al On/Off del equipo de sonido. Ella magistralmente se quitó toda la ropa y le empezó a quitar una a una las de Andrés. Eso era como un sueño para él. Sentía por primera vez que se lo iban a comer, y no al contrario. Después de dejarlo completamente desnudo, lo tomó de la mano y lo llevó al jacuzzi, que había puesto a llenar previamente. Tomó un par de frasquitos y los desocupó en el agua. "Son las sales para la espuma, Andresito".

Entraron al agua y ella tomó el control de la situación. Literalmente. Al poco rato ella salió de allí, cubierta únicamente de espuma... escultural. Volvió con la botella de vino y dos copas, que empezaron a beber. De nuevo en la tina, fue donde Andrés aprendió para qué son las dichosas salesitas esas. Allí fue donde ella le explicó que los grifos no son sólo para sacar agua y que el chorro, las burbujas del jacuzzi, no es sólo para la espalda. Mucha información nueva para tan poco tiempo, pero Andrés supo desenvolverse satisfactoriamente. Ahí descubrió para qué eran las mentas heladas. No para después del queso, no. Sino para refrescar otros lugares de sus anatomías. Además entendió por qué no podía ser cualquier menta. Desde ahí él las adora. A las mentas y a las cuchi barbies.

Después de una larga y extenuante jornada, decidieron salir de la tina y relajarse en el sauna. Bueno, relajarse es un decir porque Andrés, que nunca había estado en un sauna, sentía que no tenía aire y que se le quemaba hasta el culo. Literalmente. No se imaginaba teniendo sexo en condiciones tan extremas, como Verónica insinuó. Andrés regresó a la habitación, a tomar aire y a esperar a Verónica. Por supuesto cuando ella llegó, sació su insatisfecha necesidad. Y la volvió a saciar. Y la volvió a saciar. Andrés llegó a las 7 de la mañana a su casa, extenuado pero con una risita pendeja que le duró un buen rato.

Al buen tiempo se volvieron a ver, esta vez en el apartamento de ella. En esta ocasión ella le mostró su "kit especial": un maletincito pequeño en el que tenía toda suerte de cremas, cremitas, esponjas, juguetes, esencias y aceites -chicles, mentas, maní, caramelo-. Andrés aprendió en dos noches más que en el resto de su vida. Fue un curso intensivo de kamasutra y accesorios. Al parecer lo pasó con honores porque ella lo siguió llamando. 

Como era de esperarse la vida siguió su rumbo y él volvió a salir con las amigas de su edad, sus compañeras de clase. Aprovechó para enseñarles algunos de sus nuevos 'trucos'. Lo que a él no le gustó fue que ella después re apareció y le hizo reclamos a Andrés por perdido. Le hizo escenas de celos, le reclamó el tiempo invertido, y que ella le tenía copia de las llaves de su apartamento, que el cepillo de dientes y demás. Ahí él entendió por qué Verónica no tenía pareja. Al principio él se disgustó y se apartó. Pero con el tiempo fue entendiendo. No era sólo sexo. Es que las viejitas también tienen su corazoncito.

Wednesday, June 9, 2010

La Cuchi-Barbie

- Más sabe el diablo... -

No se veían hace mucho rato. Se encontraron en una fiesta familiar. Ella es amiga de la familia así que conoce a Andrés desde que era un niño. La diferencia de edades no es tan grande pero sí lo suficiente como para que a él jamás se le pasara tener algo con ella. Cuando era niño la veía llegar de visita a la casa mientras él jugaba con sus amiguitos.

La fiesta era formal, todos vestidos elegantemente. Ya habían pasado los suficientes años como para que Andrés le causara a ella malos pensamientos pero no tantos como para que ella no a él. Ella le dijo algo como "Hola Andresito ¿cómo estás? Tú siempre tan churrito, ¿no?". Ella siempre fue coqueta con él, pero para Andrés no pasaba de ser un juego inocente, hasta esa noche. Él le respondió "Huy Verónica, qué bien se te ve ese vestido largo. Aunque lástima lo largo" -"No, largo me gusta más" respondió Verónica con mirada muy pícara y tono aún peor. Obvio, Andrés sintió un escalofrío por todo el cuerpo. La charla continuó, con algunos indirectazos disimulados. No se podía avanzar mucho más puesto que estaba toda la familia presente. Verónica empezó a hablar de sexo sin preocuparse, dándole consejos a otro de los presentes, pero sin dejar de mirar a Andrés de manera provocadora. Ni hablar de cuando sirvieron el postre. Andrés sólo pensaba que la 'señora' no sólo usaba bien la lengua para hablar. La noche se le hizo muy corta a Andrés. Ojalá hubiese sido tan larga como la falda de Verónica. Hay que decir que ella, aunque estaba entrada en años, se veía muy bien, figura delgada, no muy voluptuosa, pero para nada como cualquier otra mujer de su edad, muy bonita, por lo que Andrés no entendía por qué nunca se casó. Tampoco le conocía novio. Al menos no lo llevó a la fiesta.

Al finalizar la fiesta intercambiaron teléfonos con la promesa de salir algún día "a cine, o a tomar café, Andresito. Me llamas y listo". Él la acompañó al carro y, con su complicidad, ella le dio el beso que sólo una mujer de esa edad sabe dar. En cinco segundos de beso lo transportó mentalmente a la habitación de Verónica, desordenaron todo... fue y volvió. Necesitó un par de segundos más para recuperarse y asimilar ese huracán que le acababa de pasar por encima sin despeinarlo -mucho-.
Dejó que ella se fuera para quitarse la cara de tarado y entrar a la fiesta "como si nada". Esa noche cuando se acostó él se dijo "marica, voy a coronar cuchi-barbie".

Pasó el tiempo y por fin él se decidió a llamarla. No quería pasar por el niñito intenso. Además pasó mucho tiempo pensando en qué plan armar: aquí la invitación a helado no cabía. Tampoco el plan de cervezas en los bares de la universidad, que eran los únicos que conocía. Él no se atrevería a llevarla allá con todos sus amigos merodeando para morbosearle la vieja o gritarle 'asalta-tumbas' a Andrés. Así que optó por reconocer su inexperiencia con mujeres mayores y sincerarse con ella: "Vero, no sé a qué invitarte, tú decides". Ella se rió sonoramente y le dijo "fresco Andresito que yo no me pongo con pendejadas. Yo sé qué es lo que quiero de ti. Dime en dónde te recojo a las 9 de la noche y yo te armo el plan". Luego de que él cerrara la boca acordaron lugar.

Andrés no lo podía creer: una mujer en toda la expresión lo iba a recoger, él se subiría y se dispondría a pasar una noche que perfectamente podría pasar a la historia. Sería una noche apoteósica. ¡¡ No iba a comer hamburguesa sino langosta !! La locura. Se puso la mejor pinta que encontró y se fue a cumplir la cita.
Continuará... ?

Sunday, May 9, 2010

La traga maluca


La traga maluca es ese peculiar ser que ha sido la causal de muchas alegrías, momentos especiales, desagradables y algunos otros como para no recordar de nuestras vidas. Son esas personas que por más alejadas que permanezcan de nuestras vidas, siempre encontrarán el momento justo para aparecer nuevamente, dejando atrás todo el trabajo que arduamente hemos realizado para conseguir olvidarla. Es ese tipo de gente que por más que nos esmeremos en sacarla de nuestro corazón es prácticamente imposible lograrlo. Conocen el momento preciso para entrar en acción, cual leopardo que acecha a su presa en el desierto y uno se asemeja a ese pobre venado, lleno de cuernos y tratando de correr para que no nos alcance la yugular… labor casi imposible debido a que son implacables, calculadores y en algunos casos, ni siquiera corremos… sino que vamos en busca de ellos. Como res al matadero.

Es la típica persona que te ilusiona, te pone el corazón a palpitar al máximo, te hace sentir supremamente especial y cuando llega el momento de entrar en acción, siempre tiene mil disculpas para no salir, con tan buena suerte para ella, que uno termina creyéndole siempre.

Wednesday, April 21, 2010

Un día Juliana llegó... (quinta parte)

Si te perdiste la cuarta parte, haz click aquí

Por: OmarGamboa
- El problema no está en el uso sino en el abuso -
Mientras limpiaba las manchas de chocolate derramado -ya que el pan cayó justo en el pocillo humeante- Andrés miró a su mamá y le pidió que contestara el citófono y que ni de fundas dijera que él estaba en casa.

"Buenos días don Argemiro.... sí señor... sí, Juliana es la amiga de mi hijo... no, no la deje pasar, mi hijo no está.... no... don Argem... no, no me la pase.... Hola Juliana!! ¿Cómo me le va? .... Sí, él está en el matrimonio... no Juliana, yo no la puedo dejar pasar... ¿bañarse?... sí, yo entiendo pero... No, él está en el matrimonio, no lo puedo llamar ahora... no, yo no la puedo dejar pasar, mi esposo se disgustaría... sí, disculpe pero... ok, ok. Yo le digo que la llame apenas pueda. Bueno, hasta luego Juliana".

Colgó el citófono y ambos se miraron como diciéndose "¡Qué descaro!". Efectivamente la niña no pasó el día anterior por las maletas y las dejó en la portería que ya pasó a ser su armario personal. Andrés pensó que igual ella no tenía celular por lo que él no tendría a donde llamarla y se esperó una tarde tranquila. Seguramente ella se llevó las maletas, trató de convencerse. En repetidas ocasiones entraron llamadas al celular de Andrés, como siempre de números desconocidos, hasta que él decidió contestar una y decir que estaba ocupadísimo en medio de la ceremonia. Para su sorpresa, era voz de hombre: "¿Don Andrés? ¿cómo me le va? Esculpe, es que tengo aquí a doña Juliana que dice que usté la puede recoger" -"¿Recoger? ¿Recoger en dónde? No señor, qué pena, pero yo estoy en una misa en este momento no puedo salir. Dígale a Juliana que yo la llamo tan pronto pueda, gracias". Andrés sólo pensó que Juliana seguramente estaba borracha. ¿En una tienda? ¿por la 53? ¿Enfermita o borrachita? Esta vieja está como loca, se dijo.

Todo estaba fríamente calculado, ella no tenía celular así que se podría zafar de esta. Pobre iluso. Las llamadas no se hicieron esperar mucho. De nuevo, después de muchas llamadas perdidas Andrés decidió contestar: "Andrés!! ¿por qué no me contestas? -voz femenina, rápida y con tono exigente- Mira, es que estoy enferma y necesito que me recojas ya. Estoy en una tienda cerca a la 53" ¿Y esta vieja pendeja qué hace por la 53? Está como loca, pensó él, "¿enferma? ¿cómo así? Pero Juliana, tú sabes que yo estoy en Chía en el matrimonio, yo no me puedo volar así como así. Llama a alguien más" -"Pues es que llamé a mi hermano y él también está en Chía y tampoco me puede recoger". ¿UN HERMANO? ¿Tiene un hermano en Bogotá? ¿Y él no la recoge? ¿Y espera que yo sí me encarte?, fueron algunas de las preguntas que se hizo Andrés entre sorprendido y de mal genio. "Lo siento Juliana, yo no puedo hacer eso" -"Es que estoy muy enferma, me duele mucho el estómago, necesito que alguien me saque de aquí". Por supuesto él sólo pensaba que ese no era su problema, que la niña no pasaba de ser una conocida y que su responsabilidad se acabó hace mucho tiempo. "Juli, mira, si estás muy enferma, pues coge un taxi, llama una ambulancia, ¿qué sé yo?" -"¿Y a dónde llamo una ambulancia?" -"No sé, la de tu EPS, o en últimas marca al 123". -"Ay Andrés, llámame tú la ambulancia" -"No, yo no te voy a llamar la ambulancia, no sé tus datos, escasamente sé tu nombre y me van a preguntar tu cédula y demás. Lo más fácil es que llames tú". Tras ires y venires similares la conversación finalizó. Esta vieja está loca, se dijo.

Esa noche Andrés tenía una reunión con sus amigos, unos tragos pendientes. A media noche entró otra llamada al celular de Andrés, que nunca contestó. A las 5 de la mañana él llegó a su casa, bastante entonado, y a punto de cerrar los ojos entró otra llamada. Contestó. Otro desconocido diciendo que "Doña Juliana está aquí cerca al Carulla de la 85, que si la viene a recoger que está enferma". ¿Podrá ser tal el descaro? De mal genio y borracho le dijo "Mire señor, yo escasamente conozco a esa niña. Yo estoy durmiendo, ella no es mi responsabilidad, así que lo siento mucho" y colgó.

Ese domingo pasó sin noticias de ella, por supuesto Andrés se levantó tipo 3 de la tarde. Salió a la tienda y pasando por la portería: "Argemiro, quiubo! ¿Qué? ¿Al fin a qué hora pasó mi amiga por las maletas?" -"¿Maletas? Don Andrés, las maletas siguen aquí. Su amiga está como loca porque ayer que vino estaba toda acelerada que porque no pudo subir y necesitaba bañarse. Me preguntó si aquí tenemos ducha, que si se podía bañar, que nosequé. Al final se cambió aquí en el bañito que tenemos y se fue, pero dejó las maletas". Andrés estaba sencillamente estupefacto. Eso lo superaba todo. Ya en el apartamento revisó su facebook y se encontró con una cantidad de estatus de Juliana que decían algo como "Estoy en la clínica, necesito que alguien venga y me recoja", 6 am. "Por favor, alguien venga por mí que no me dejan salir sola, estoy en la clínica Shaio", 8 am. "Alguien que pase por mí. Se me borran cosas de la memoria, venga alguien" 10 am. "Ya vienen por mí, gracias" 1 pm.

Andrés quedó extrañado y preocupado. Más lo primero que lo segundo. A las 9 de la noche una nueva llamada. Contestó y era Juliana. Le contó que estaba por la 85 y la "emburundangaron" como a las 5 am. ¿Qué hacía ella a las 5 am por ese sector? Esa vieja está como loca. Que se le estaban olvidando las cosas y que la llevaron en un taxi a esa clínica y que por fin la recogió un amigo. Le dijo a Andrés que iba para su casa para pasar por la ropa. Finalmente. Llegada la hora bajó a la portería, le entregó las maletas a Juliana y ella se fue con su amigo. Andrés quedó muy sorprendido porque Juliana no hizo más que agradecerle lo bien que él se portó con ella. Le agradeció mucho que le haya permitido dejar las maletas, que la haya dejado pasar la noche (las dos noches), y que estuviera pendiente de ella. Andrés no pudo más que sentirse mal porque no hizo tanto y sólo atinó a responderle "por nada Juli, por nada". Juliana parecía otra, tenía una actitud calmada, muy diferente al usual acelere.

Pasaron dos semanas sin que él supiera nada de ella, hasta que vio en facebook en el estatus de Juliana que decía que le habían diagnosticado "trastorno afectivo bipolar". A partir de ese momento, para Andrés todo tuvo sentido. Efectivamente, esa vieja estaba loca.

Amigos que nos siguen